El ritmo

Habrá a quien le haya salido un sarpullido al leer que hay que establecer unos horarios: tenemos horarios para todo, para el trabajo, para la comida, para visitar a los suegros... ya sólo faltaba tener que ponerlos para las cosas con las que pretendemos disfrutar.

Lo siento, pero así es. Más que un horario, hace falta un compromiso con aquello que vamos a iniciar, sin este compromiso el trabajo será aplazado una y otra vez, por distintos motivos. Por otro lado, si no dejamos bien delimitado el espacio de tiempo que vamos a necesitar para nosotros mismos, la vida, las obligaciones y nuestros seres querido acabarán devorando todos nuestros minutos con requerimientos urgentes o del tipo "hazlo por mí, sólo hoy". Un horario nos pone a salvo de estos requerimientos, una vez asumidos éstos por todos los que conforman nuestra vida.

Tener un horario también ayuda a no cuestionarse si nos vamos a poner (a escibir, dibujar, hacer creaciones fotográficas, etc.), del mismo modo que no nos cuestionamos cada día si vamos a acudir a nuestro puesto de trabajo. Es lo que toca hacer y se hace, no hay discusión.

Tener un horario, un ritmo (como bien lo llama Rosana en su comentario) y un compromiso también ayuda a mantenerse en forma. No es lo mismo hacer algo esporádicamente que hacerlo con frecuencia. He pasado largas temporadas escribiendo un cuento cada día y he podido comprobar que, tras los primeros cinco o seis días (en que los cuentos siempre salen mustios y sin pies ni cabeza), mi mente adquiría un estado mucho más fluído y sacar un cuento de cualquier cosa era cuestión de muy pocos minutos. Después, al dejar esta práctica, volvía al estado anterior y para alcanzar la fluidez tenía que pasar otra vez por los días de entrenamiento.

A la mayoría de las personas nos viene bien tener horarios, estamos educados en y para los horarios, sabemos responder bien a ellos. A lo que no sabemos responder demasiado bien es al libre albedrío.

Por suerte, hay muchas maneras de hacerlo:


Yo me mido en cuentos por semana. A las 23.59h del domingo tienen que estar escritos. Si los escribo todos el lunes, tengo toda la semana para hacer el zángano. Si no he escrito nada, el domingo hay que apretar y cumplir el compromiso, dejando de lado cualquier otra actividad, porque esto es prioritario. Y resulta que, cómo me gusta tanto hacer el vago, los suelo terminar de escribir el lunes o el martes. Pero que conste que hago esto porque soy un desastre, si no lo fuera, mantendría horarios fijos, que es lo que más conviene.

Así, pues, lo mejor es marcarse un ritmo, a medida de cada cual, con las circunstancias de cada cual. Marcarse un ritmo y, una vez implantado, procurar por todos los medios no volver a perderlo.


*para escritores, los demás que apliquen a la unidad de medida de su arte

Comentarios

  1. Supongo que cada cual tiene que encontrar "la cadencia" que le vaya bien.
    Yo que apenas voy comenzando en esta aventura, he descubierto que hay horas del día en que estoy más adormilada (o haciendo tareas mecánicas) en que se me ocurren más ideas. Las conservo entre algodones y luego, por la tarde, me pongo a manosearlas hasta que tienen una forma que medio me guste :)

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  2. ¡Totalmente de acuerdo en todo!!!!!! ¿Sabes para qué creé en un principio mi blog? Para "obligarme" a escribir entre dos y tres cuentos semanales, como compromiso conmigo misma, como ejercicio para "muscular" mi estilo, para lograr esa disciplina tan esquiva...y créeme, no sabes de qué manera me ha ayudado a alcanzar ese "ritmo" del que hablas!

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  3. Uf! Sí, creo que tienes razón, lo que ocurre es que a mí cuando veo lo de horario, inmediatamente me surge = obligación, y esto me resulta...(******), creo que me apuntaré mejor a lo de 2 o 3 por semana dándome ese pequeño margen.

    De cualquier forma, objetivamente, estoy muy de acuerdo con lo que propones.

    Besitosss

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  4. Pena Mexicana, en cambio yo soy incapaz de ponerme después de comer, a primera hora de la mañana es cuando mejor funciono (con los madrugones que eso supone). Así es, cada quién tiene su momento del día y hay que probar hasta encontrarlo.

    Mercedes, los blogs son el mejor invento que hay para mantener el ritmo y para muchas otras cosas. Desde luego, ha cambiado no sólo la forma de escribir, sino que ha hecho que la escritura haya dejado de ser un trabajo solitario. Además, si el propio blog no te obliga a cumplir el compromiso, ya lo hacen quienes te visitan, porque en cuanto dejas de publicar protestan y te llaman al orden. Esto no tiene precio.

    Luz, ya sé que a ti te horroriza el horario (igual que a mí). Pero si cambias la palabra "obigación" por "compromiso" no suena ya tan mal. De todos modos, hay que encontrar la fórmula, si te va mejor hacer tanto a la semana o al mes, pues qué remedio. Pero, incluso con esta fórmula, sigue siendo un compromiso, jajaja.
    Besitosss

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  5. Hablando de ritmos, esta el chunda-chunda, con sus ciento y pico pulsaciones por minuto, esta el jazz, la musica atonal, la minimalista o la ambiental...

    Esta el colibri con sus cien aleteos por segundo y esta el halcon planeando sin apenas batir las alas.

    Al principio va bien probar diferentes modalidades hasta encontrar la propia, tambien nos interesa desarrollar una cierta versatilidad, saber fluir lento cuando toca y apurar cada segundo cuando es menester. Cada proyecto puede tener diferentes fases.

    Leere el libro de Bradbury, tiene buena pinta. Un saludo.

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  6. Jaja, Dersony, me has hecho reír con el chunda-chunda.

    Totalmente de acuerdo y a lo que dices añado: además está la fase de no-ritmo, dónde no se produce nada de nada, la conocida fase de incubación. Y bueno es respetarla también, siempre que no se ponga como excusa para no hacer nada: "verás, es que estoy incubando". De eso nada, no se puede estar cluecos por los siglos de los siglos.

    El libro de Bradbury es totalmente autobiográfico, habla de su propio sistema de trabajo, pero vale la pena leer cómo trabaja un escritor tan prolífico (este hombre es capaz de escribir en su máquina a oscuras sin cometer ningún error, esto habla de alguien que escribe muuuuuuuucho).
    Un abrazo

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  7. Creo que tienes razón insistiendo mucho en el método y la disciplina. Tenemos la idea de que el ejercicio de creación es algo que viene de arriba, que la "musa" te elige o no. Y, ya dijo "no sé quien", que sí, que la musa viene, pero debe encontrarte trabajando.

    Un besazo!

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  8. Sí, Almena, y me temo que todavía me voy a poner más pesada con este tema, porque el mayor impedimento es el no ponerse manos a la obra, aunque nos inventemos mil excusas, muy creativas todas, lo esencial es ponerse.

    Un beso

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  9. Feliz fin de semana.
    Un saludo cordial.

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  10. Hola Anca, muy de acuerdo con marcar el ritmo. Sabes, a mí me cuesta marcar mi propio ritmo, fluyo más cuando hay un ritmo marcado y bailo. Pero para eso me ha de gustar la música. El caso es que no siempre se puede bailar al son que te llevan. Cuando cumplo el compromiso de escribir, me obligo a marcar mi propio ritmo, para la escritura y para todo. Y soy capaz de dirigir más mis propios pensamientos "ahora sí, ahora no" como un guardia urbano dirige el tráfico y resuelve. Un abrazo, me gusta mucho el enfoque de este blog.

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  11. Disancor, feliz fin de semana para ti también :)


    Rosana, qué envidia. Yo llevo un pulso eterno con mi ritmo. Voy ganando yo, aunqu por temporadas... hum... mejor no confieso.
    Un abrazo

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  12. ¡Vaya, con estas entradas te estás ganando a pulso la medalla a Pepito Grillo y a azote de los procrastinadores! Te imagino con el látigo o la fusta: "Escribid, malditos".

    Es broma. La verdad es que es muy estimulante lo que escribes. Hace unos días hablé con un colega que lleva dos años sabáticos y está escribiendo una novela. Me preguntó si yo estaba escribiendo. Le dije: "¡Qué va, ni de coña! Hasta verano, imposible. Este año estoy super liado, sin tiempo para nada".

    Y tras leer tus dos últimas entradas me he visto totalmente retratado y me siento como un niño al que amonestan por no reconocer su culpabilidad en algún refriego...

    Un abrazo.

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  13. Jaja, Adriu, el caso es que no eres el primero en llamarme Pepito Grillo. En fin, paciencia conmigo, no tengo remedio ya, según queda demostrado. Sirva de atenuante el hecho de que me digo las mismas cosas a mí misma y aún cosas peores, porque hay más confianza.

    Ay, después de lo leído en tu blog, aún te voy a amonestar más, tú tienes la obligación de escribir, por la manera en la que lo haces y los sentimientos que despiertan tus textos. Salí de ahí sintiéndome bien, muy bien. No hay excusa que valga para ti.

    Un abrazo, te sigo leyendo.

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  14. Muchas gracias, aminúscula. Nos seguimos leyendo, claro que sí. El rol de Pepito Grillo nunca es otra cosa que un estímulo que uno recibe agradecido.

    Un abrazo.

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  15. Ah, menos mal, entonces seguiré con mi pepitogrillez sin remordimientos de conciencia :)

    Un abrazo, Adriu

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