Sinceridad

Cuando algo chirría, hay que revisar bien el trabajo y ver de dónde sale esa voz disonante.
Me ha pasado hace poco, con un cuento infantil en el que estaba trabajando. En las revisiones, veía que el texto rodaba solo y una cosa llevaba a la otra, pero al llegar a un determinado párrafo, la cosa chirriaba, una y otra vez, una revisión tras otra, siempre en el mismo punto. Era cómo una de esas bandas que  ponen en las calles para que los conductores reduzcan la velocidad.

Revisada la sintaxis, las palabras una por una... sólo me quedó revisarme a mí. Y ahí estaba el problema: en ese párrafo mentía. Lo había puesto ahí por motivos más ligados al ego y a mis intereses personales que por motivos relacionados con la historia. Y, claro, sobraba.

No conozco otra forma de crear más que con la sinceridad. Nada bueno puede salir de una persona si no trabaja desde la más absoluta sinceridad. La falta de sinceridad se percibe, quienes nos leen/miran/escuchan lo sienten, aunque mucha veces no sepan que se trata de eso.
Recuerdo mis viejos tiempos de teatro (la sinceridad es otras de las grandes cosas que aprendí haciendo teatro), cuando peleaba con un un texto, intentando hacerlo bien, en las clases o en los ensayos, y la respuesta a mis esfuerzos era: "Me estás mintiendo". En aquel caso mentir era interpretar el texto del modo en que creía que debía hacerse, no dejar que pase por mi interior y vuelva a salir cargado de todo lo que yo soy, con mis cualidades y defectos. Entonces tocaba volver a empezar, desde cero. Y nadie me decía cómo tenía que hacerlo para que estuviera bien; claro, nadie sabía, sólo yo podía llegar a sacar mi sinceridad a la luz, sólo yo sabía cuál era mi "cómo".

Ser sinceros no implica hacer creaciones autobiográficas en las que lo contemos todo y reproduzcamos fielmente nuestra vida y realidad. Ser sinceros es poner nuestras emociones ahí tal cual son sin añadirles nada más, sin adornos y sin embellecerlas. Las emociones verdaderas ya tienen toda la belleza que necesitan de por sí.

Cada vez que usamos lo que sabemos que funciona sin ton ni son, cuando omitimos algo por no mostrarnos demasiado, o cuando hacemos las cosas de una manera porque sabemos que así es cómo va a gustar a los demás, estamos mintiendo.

Es preciso detectar estas mentirijillas propias y desmontarlas una a una, aunque esto requiere práctica... y sinceridad.

7 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo, lo auténtico es bello de por sí...pero, haré de abogado del diablo...

    Puede ser que quien hace las cosas para que gusten aunque por dentro sienta que son diferentes a como expresa, sea porque piense que su realidad no merece ser aprobada o querida por otros. A mí me mosquea mucho encontrarme, en lo cotidiano, con alguien a quien todo le parece SIEMPRE bien, que no tiene nada que añadir ni que corregir, que nunca está en desacuerdo... ¡Peligro: Persona infeliz!

    En esencias de Bach se le daría una Agrimonia o "derriba-caretas".

    Pero también hay que comprender que el creador/a en este caso, con la autoestima por los subsuelos, quizá plasma aquello que le gustaría poseer y cree que no tiene o que por sí mismo no es capaz de alcanzar.

    Besitosss

    P.D. Para ser auténtica, no sé si no me he ido por los cerros, pero en fin...

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  2. Jajaja, Luz, abogadita del diablo de mi corazón...

    A ver, pintarlo todo siempre bien también es mentir ¿no?

    Cuando digo que las emociones verdaderas son bellas no me refiero sólo a las que nos resultan agradables. Son bellas las emociones humanas, las positivas por que nos hacen sentir bien evidentemente, las otras, porque nos acercan a los otros y nos vemos reflejados en su dolor, o tristeza o fragilidad o lo que sea que transmitan. Lo que pasa, y ahí está el papelón de la sinceridad, es que no podemos transmitir a otros lo que ni nosotros mismos nos creemos. Una fachada, una máscara no transmite.

    "Se vale" pintar otros mundos distintos al real, se puede crear en una obra aquello que te gustaría que hubiera en tu entorno. Pero hay que plasmarlo con colores propios. Si lo haces con colores ajenos, no engañas a nadie ni estás aportando nada. Porque la esencia de crear es aportar.

    Ea. ¿Vamos juntas por los cerros a dar un paseito?

    Muchosss besitosss

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  3. Mi madre insiste en que escriba historias con argumentos más "actuales" y me informa debidamente de los éxitos literarios, sugiriendo que debería adoptar los temas "que se llevan"...pero si tengo algo claro en todo esto de crear, es que o escribo lo que me sale del cuore... o estoy perdida.

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  4. Para mi la sinceridad tiene que ver con la autenticidad. Una puede ser auténtica y ser imaginativa, irse por los cerros de Ubeda o por las nubes, pero desde la fantasía creadora surgirá lo auténtico, la verdad, que no tiene que coincidir exactamente con la realidad. De hecho la realidad única no existe, tiene muchas caras. Pero la autenticidad sí, tanto en las relaciones personales como en el arte. Creo que tiene que ver con la libertad. Si uno se siente libre para vivir y crear, se asume a sí mismo y a los demás. Besets.

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  5. Mercedes, por suerte hay temas atemporales sobre los que escribir y son los de verdad merece la pena "atacar".

    Rosana, me ha gustado mucho tu reflexión sobre arte y relaciones. Se rigen por reglas muy parecidas, es cierto.
    Completamente de acuerdo contigo. Beso!

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  6. mmm complicado tema habemus.
    Para ser "sincera", es que creo que la mayoría de las veces ni nos damos cuenta de que estamos siguiendo un patrón. Tan marcado a fuego lo tenemos a veces en el cerebro.
    Me parece que es una de las mayores ataduras con las que podemos toparnos, tanto a la hora de crear como (tan sencillo y tan complicado) a la hora de vivir.
    Buena observación, querida aminúsculA. Nos detendremos a reflexionar....

    besos+besos

    (al fin tengo mi conexión a internet reparada, que ha estado unos días de vacaciones)

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  7. Sí, Almena, esto de la sinceridad no es algo que se nos enseñe a cultivar, ni algo que sepamos distinguir muchas veces. Reconquistarla es uno de los muchos beneficios de escribir cada mañana al despertar (yo, cómo no, a insistir en lo mío).

    Muchos besos y feliz regreso al mundo virtual (haber aprovechado para la semana sin medios, mujer)

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