El error creativo

Lo que ha pasado en los comentarios del artículo anterior merece su propio artículo. Y no me refiero a la revuelta unánime que ha causado hasta el cambio del titulo del artículo, sino al asunto de la silla creciente.

Luz quería decir "la semilla que irá creciendo", pero al hacer su comentario desde un dispositivo que corrige automáticamente las palabras que no reconoce, en vez de "semilla" salió "silla", con una imagen mucho más potente y sugerente que la de una semilla.
De este error han surgido imágenes (todos las hemos podido ver en nuestras mentes) y además ha surgido un cuento que alguien Rosana me ha enviado (si esa persona quiere decir "he sido yo" que lo haga, yo por ahora guardo la confidencialidad).

En "La gramática de la fantasía", Gianni Rodarí dedica un capitulito a este fenómeno del error creativo. A veces pasa que un error resulta mucho más sugerente y más rico que lo que teníamos pensado y vale la pena incorporarlo a nuestro trabajo. A modo de ejemplo, Rodari nos cuenta como, al parecer, Charles Perrault había ideado que el zapatito de la Cenicienta fuera de piel de marta cebellina ("vair"), pero fue un error lo que lo convirtió en zapatito de cristal ("verre").

Otro ejemplo sería una de mis experiencias más hermosas con niños, hace algunos años. Yo tenía que darles clases de mecanografía, que consistían en escribir una y otra vez la misma palabra, hileras y más hileras con una misma palabra, hasta que los pobrecillos se morían de aburrimiento. Alguno lo pasaba francamente mal, pero sus padres les obligaban. Así que se me ocurrió pedirles que me reportaran todas y cada una de las palabras en las que se equivocaban, tal como las habían tecleado. Yo las apuntaba en la pizarra y, mientras ellos no paraban de teclear, nos inventábamos su significado.
El resultado fue un maravilloso mundo, llamado las Islas Iicas, un mundo que aún recuerdo con claridad a pesar de todos los años transcurridos. Los niños empezaron a imaginar significados relacionados con las Iicas espontáneamente, ya no se salían de esa temática nunca y, a final de curso, teníamos un mundo bien definido en el que todos sabíamos exactamente cómo eran las cosas (hasta el punto de que alguno lloró porque no podía irse de vacaciones a las Islas Iicas).

Así pues, atentos a los errores. Son un tesoro que esconden ideas que nunca se nos hubieran ocurrido de otro modo.


11 comentarios:

  1. Cuánta razón llevas... los errores en general son casi siempre una gran oportunidad...
    Muuchoos Besos

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  2. Real como la vida misma, ya que, como dice Glora los errores son una oportunidad y, en lo cotidiano, creo que de lo que más se aprende, aunque sea por defecto.

    En el caso de la creatividad, Ami, resulta un gran descrubrimiento cómo de algo que inicialmente se corregiría, nacen historias que nada tienen que ver con lo que en principio parecían.

    Tengo un cuento empezado referido al error del post anterior.

    Sí.... ¡Espantapájaros!

    Besssitisss, como dice Nana

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  3. El hemisferio derecho tiene estas cosas, Edward de Bono lo explica bastante bien en sus libros.

    Aminuscula, me has traido a la memoria que yo tambien hice de nano un curso de mecanografia. Un peñazo. Ademas solo aprendi a medias. Me defiendo, pero con que maneras, jeje.

    Que guay las Islas Iicas...

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  4. Hola a todos/as. El otro día le envié un cuento a Anca que me sugirió el error/oportunidad de Luz sobre la "Silla Creativa" y los comentarios siguientes. Lo voy a colgar en mi blog si os parece. Estoy deseosa de ver acabado el cuento de Luz. A mi me encantan estas cosas, las no previstas. Lo que he escrito siento que es una historia un poco de todos, porque...¿dónde nacen las historias? Yo también creo Anca que desde luego no de la perfección. Cuando algo es perfecto está acabado. Es como una casa amueblada desde el primer día con todos los detalles. Tengo un broche que me compré muy originaL Y ligeramente deshilachado, creo que me gusta porque la imperfección no es tal, pero lo parece. Me gusta prolongar, por eso no me asusta lo imperfecto. Besets.

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  5. Glora, de ahí prcisamente que, a la hora de crear, hay que dejar de lado el miedo a equivocarse. Nunca se sabe a dónde nos llevarán los errores.
    Besos!

    Luz, espero que ese cuento acabe publicado en tu blog, para que lo podamos enlazar aquí. Plis...
    Bessstias para ti también.

    Sí, Dersony, es un tesorito este hemisferio nuestro.
    Pues pobrecillo con tu curso de mecanografía (por entonces se haría con máquinas de esa con teclas duras destrozameñiques). De las Iicas lo que más recuerdo es un césped que inventaron los chiquis. Ahí, cuando las personas se enfadaban mucho, se les obligaba a tirarse en el césped, porque éste hacía cosquillas y se acababa muerto de risa. Si era una disputa, ambas partes debían revolverse en el césped antes de hablar para solucionar sus problemas. Y todo eran maravillas así.

    Rosana, he actualizado el artículo con el enlace correspondiente al cuento, ya que has decidido darte a conocer :)
    Un beso

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  6. La "chispa" creativa sale a veces de donde menos te lo esperas! Además, ¿no decimos que de los errores también se aprende? ;-)

    Por cierto, lo de la clase de mecanografía me ha llegado al corasssón! Genial! Cuando yo aprendí (cuando intenté aprender, más bien) por mi cuenta, hace 1000 años, acabé hablando con las frases que tenía que practicar, como por ejemplo, "das al hada ala asada",jajajajaja!

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  7. Mercedes, pues habrá que añadir "De los errores también se crea".

    La verdad es que las clases de mecanografía son lo más aburrido que se ha inventado para todos los participantes. Yo también me aburría mortalmente antes de las islas Iicas. No me extraña que acabaras con alguna tuerca de menos, jajaja.

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  8. Lo bueno de las clases de mecanografía és que con el tiempo puedes escribir con más dedos, corres más deprisa detrás de tus pensamientos. Yo, aparte del aburrimiento, recuerdo de mis clases de mecanografía a una compañera un poco hippy, que la vi después por algún mercado vendiendo pendientes y cosas así. Era extraño ver a esta chica en las clases. Hace tiempo que tiene una tienda-taller de pintura. Quizá la mecanografía le ha servido para construir sus propios catálogos. A lo de la taquigrafía sí que no le he encontrado ninguna utilidad nunca. Para qué correr tanto?

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  9. Rosana, peor cuando escribes mucho ya se van incorporando los dedos solitos a la tarea, sin necesidad de entrenamiento y corres igual.
    Y sí ¿para qué correr tanto?

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  10. A veces es mejor no llegar tan pronto, un abrazo

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  11. Sí, Rosana, es mejor. Recorrer el camino despacito, para poder atender a los detalles.
    Un beso.

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