El crítico interior

Este es el retrato de mi crítico interior de 2006 (todavía no sabía trazar dos rayas juntas cuando hice este dibujo, sirva de excusa para semejante atraco a vuestra vista). El actual, aunque nunca lo he dibujado, es mucho más rechonchete, muy peludo y blando, guarda gran parecido con Sulley de Monstruos SA.

El crítico interior es ese personajillo que usa infinidad de voces (muy creativo él en este aspecto) cuyo único objetivo es hacer que dudemos de nuestras capacidades y lo dejemos estar: "¿quién te crees que eres? ¿y qué sabes tú de esto? ¡no vales un pimiento, deja de escribir ya! ¡eres mediocre!" y mil lindezas más del estilo. Es el método más eficaz de nuestro lado racional para sabotear aquellas actividades para las que él no sirve o se siente inseguro, especialmente las artísticas.

La mala noticia es que no nos podemos librar de él. La buena, que lo podemos convertir en nuestro aliado: de un repugnante Sr. Barns-largarto, el mío a pasado a ser un peluche gigantesco, colorido y blando. ¿Como es posible tal metamorfosis? Con mimo, comprensión y poniéndole en su sitio cuando sea necesario.

Lo que el crítico interior quiere en realidad es protegernos de los fracasos. Nos hemos criado (junto al crítico) bajo la idea de que lo seguro y sensato es hacer matemáticas, conocer la lengua bajo un punto de vista gramatical,  tener el dibujo como asignatura menor (y ya ni hablamos de la música),  ignorar la danza y el teatro y dejarnos la piel en las cosas útiles y prácticas. Si de pronto nos ponemos a escribir de manera original, desde el alma ¡sin un análisis intelectual detrás!,  si nos ponemos a dibujar por instinto, si bailamos... nos adentramos en esas cosas sin importancia donde, está bien (nos concede el crítico), hay algunos genios que han hecho cosas interesantes (que son intelectualmente verificables y aprobables). Pero, según el crítico, nosotros no somos genios. Así que sólo vamos a hacer porquerías infumables o, en el mejor de los casos, mediocridades (sobre las mediocridades hablaré la próxima semana, pues merece un artículo aparte). Y quiere protegernos del ridículo más espantoso. A veces lo hace intentando evitar que lleguemos siquiera a sentarnos a trabajar, otras, cuando nos ponemos tercos, puede llegar hasta el insulto y la descalificación personal.

Para conseguir neutralizarle, primero hay que reconocer que existe (muy recomendable dibujar su retrato y ponerle un nombre; el mío se llama Ftak). Saber que esta voz no es una voz objetiva, sino una voz nacida del miedo al ridículo o no ser lo suficientemente buenos en algo. Lo que ese crítico diga no es la realidad, es una crítica destructiva. Hay que externalizar esa voz, no asumirla como propia.
Una vez dibujado y bautizado, el siguiente paso será escucharle. Asertividad ante todo. Se le escucha y, cuando nos inste a dejarlo estar, se le puede contestar: "Gracias por tu consejo y por tu preocupación, pero de todos modos voy a probar a ver qué sale". Cuando critique uno de nuestros trabajos le diremos "Tengo en cuenta tu opinión, creo que me faltan muchas horas de práctica y voy a seguir trabajando hasta alcanzar la calidad que yo pretendo alcanzar". 
Con esta táctica, poco a poco dejará de ser tan pesado. Cualquier ser (interior o exterior) deja de ser tan agresivo cuando se siente escuchado y atendido.

Con el tiempo, la relación mejora hasta tal punto, que el crítico interior se convierte en un aliado. Se le puede pedir que esté calladito mientras trabajas, bajo promesa que después se le escuchará. Cuando está de buenas, da muy buenos consejos.

Sé que esto puede parecer muy extraño, lo de las voces interiores y demás. Parece un poco esquizofrénico  hablar con el crítico interior (incluso en voz alta), pero es fundamental poder separar esta voz de todas las demás (tenemos muchas voces) y no asumirla como propia o como lo que de verdad pensamos. Seamos sinceros, a veces pensamos que lo hemos hecho estupendamente bien, sólo que a esa voz no le hacemos tanto caso como al crítico interior.

Así pues, a retratarle y bautizarle. Es el primer paso para convertirle en nuestro amigo y mejor compañero de trabajo.


Comentarios

  1. Menudo reto para alguien que como yo, siempre se ha sentido negada para el dibujo... de esas a quienes las bolas les salen cuadradas y los cuadrados triangulares y asi... a ver, a intentarlo :)

    besitos

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    1. Jaja, entonces sólo es cuestión de escoger la forma geométrica que dará resultado lo otro. Imagino que para la cabeza, usando un rectángulo te saldrá un círculo perfecto.

      Un beso

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  2. Sí, el crítico interior es un personaje salao, ja. Cuesta aprender a llevar una relación armónica con él. La de obras que se podrían empezar y terminar si lo escucháramos solo en el momento adecuado, como propones.
    Mi C.I. te manda saludos. Lo hace obligado: está enfurruñado en un rincón y hace alarde de no mirarme. He pasado de él mientras jugaba con un texto que se me resiste y no he hecho caso a sus "luego" o "nunca". Bah, ya se le pasará y volverá con fuerzas renovadas. Estaré esperándolo.

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    1. Salúdale de mi parte también, sabes que me cae bien ;)

      Sí, es esencial escucharle sólo cuando toca. En todo caso, nunca (nunca unca) se le debe escuchar antes de empezar la obra.

      Un beso

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  3. El mío es todo un guía: me dice lo bueno y lo malo, a lo malo le hago más caso, sobre todo cuando me dice: si no eres constante ¡no emprendas tareas de larga duración!

    Un beso

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    1. Ya está clasificándote en una categoría, el muy... ¿Desde cuando las personas somos de una manera y sólo de una? ¿Qué fue de nuestra plasticidad?
      Una cosa es que te diga "no estás siendo constante", pero que no lo eres... ¿qué sabrá él?

      Un beso

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  4. Me da miedo hacerme demasiado amiga de mi crítico interior y que acabemos los dos alabando mi trabajo,incluso si ha salido un bodrio. Yo necesito que sea puñetero (aunque a veces me haga la vida creativa imposible) porque me estimula a mirarlo todo con lupa hasta que realmente "me gusta" lo que he creado (decir "estar satisfecha" de lo que he creado me parece una exageración y sucede sólo en contadas ocasiones, pero también lo admito).
    Un beso!
    PD.-Me parece que de quien me voy a hacer amiga es de tu crítico interior...¡Me encanta!!

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    1. Jaja, no temas, el crítico interior no es tan domesticable, jamás dejará de señalar lo que está mal. Quienes hacen gala de tal amistad con su crítico hasta el punto de alabar la mayor de las porquerías, en realidad es que le han dormido con cloroformo y ahora hablan con su pelotero interior.

      Un beso

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    2. Jajajajaj, me encanta eso del pelotero interior!!!!!!

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