La ola

Hace un tiempo vi una película que empezaba con unos cuantos jóvenes, que estaban en sus respectivos trabajos y quehaceres. De pronto uno avisa que va a llegar la ola, localizan a los demás y todos dejan de hacer lo que estaban haciendo para coger la tabla de surf y correr a la playa a aprovechar esa ola especial que se da cada tanto tiempo.
Envidié esa pasión, ese dejarlo todo para aprovechar la ola, para dedicarse a lo que aman, surja cuando surja. 

Esto no ocurre a la hora de escribir. Cuando viene "la ola", anotamos lo que se nos haya ocurrido en una libreta o lo que tengamos a mano (a veces llegamos a  levantarnos de la cama para anotar), pero dejamos el trabajo verdadero para después, sin esa sensación de urgencia, porque sabemos que una vez anotado, lo podemos recuperar. 

¿Qué pasaría si aprovecháramos "la ola"? De entrada, saldrían cosas inesperadas, espléndidas, originales, genuinas. Cuando llega la inspiración sin ser invocada a propósito (y siempre lo hace en mal momento), las conexiones resultantes son diferentes a las que hacemos cuando nos sentamos a propósito a trabajar. El nivel de energía es altísimo y podemos estar por muchísimas horas trabajando aunque nos parezca que hayan transcurrido sólo unos minutos. Fluimos.
Escribí "Requiem" (obra incluída en "Según el guión") en la ola. Lo escribí en un día. Ese día comí un sandwich de lo primero que encontré mientras tecleaba. Entre la primera versión y la definitiva apenas he tenido que cambiar un par de palabras y comas, porque el texto salía solo, sin esfuerzo, sin que mi hemisferio izquierdo tuviera que intervenir para corregir nada. Más de una década después, el texto me sigue pareciendo válido y seguiría sin tocar nada de lo que ahí está escrito.

Los surfistas no pueden envasar su ola para recuperarla, aunque sea en su versión light, para un momento más adecuado. Los escritores, pintores, escultores y demás artistas que trabajan en soledad lo hacemos con una simple anotación. Sólo los locos (aquellos a los que llamamos genios) se tiran a por "la ola", allá donde los encuentre. Y claro, luego los tachamos de extravagantes y nos creemos que el don de la creatividad es de unos pocos, personas muy diferentes a nosotros. En mi opinión, la gran diferencia es que ellos tienen el compromiso y la pasión suficiente para dejar lo que quiera que estén haciendo y aprovechar "la ola".



6 comentarios:

  1. Muy bonitas tus narrativas, pasaba por tu bello espacio y no me voy sin dejarte mis saludos.
    que tengas una feliz semana.

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    1. Gracias, Ricardo, mi deseo es que aparte de bonitas, mis entradas sean útiles y motivadoras. Gracias por pasar por aquí.

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  2. Bueno, supongo que llegará un momento en la vida en que podamos lanzarnos a la ola en cuanto la veamos llegar :)
    Creo que le llaman jubilación...

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    1. Noooooo! La jubilación no es requisito, sólo el compromiso lo es. No dejamos la ola de lado sólo por motivos laborales, la mayor parte de las veces la dejamos por otra clase de compromisos sociales, familiares o domésticos. Así que ese momento en la vida no se llama "jubilación", sino "ser arisco", jaja.
      Un beso

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  3. Me habrá pasado cuatro veces en mi vida, pero no he tenido una experiencia creativa tan placentera como esa, cuando ves que lo que creas te está saliendo solo y de golpe, y lo mismo te da si vas andando por la calle y te tienes que parar a escribir o te has despertado de madrugada y te tienes que levantar corriendo...Y así como casi nunca estoy contenta de los resultados, en cambio sí me gusta lo que he llegado a escribir casi en trance!

    Un beso... y una ola!!!

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    1. Sí, es una abducción maravillosa con resultados brillantes. Pues ea, a subirse a la ola, se ponga quien se ponga por delante.

      Un beso a ti también.

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