La táctica de los diez minutos

Cuesta. Por un motivo u otro, cuando no se tiene una rutina, el simple hecho de decidir cuando hacer una tarea se convierte en una larga hilera de excusas y aplazamientos mientras la tarea sigue siendo tan sólo una idea en nuestras cabezas. Y cuanto mayor el proyecto, más difícil encontrar el momento de empezar. Pero crear no es tener ideas, sino plasmarlas en algo concreto, por lo que esa idea de por sí no tiene ningún valor.

 

Afortunadamente, hay una táctica que ayuda a empezar, por fuertes que sean las resistencias: la táctica de los diez minutos. Se trata de, en un momento cualquiera del día (o, mejor todavía, un momento despejado) decidir dedicar sólo diez minutos a nuestro proyecto. Si es un dibujo "sólo encuadrar", si es una novela "sólo el esquema" o "sólo éste diálogo". Diez minutos para una tarea muy básica y revisable; una tarea esencial pero sin trascendencia para el resultado final, pues es modificable. Nos proponemos emplear estos diez minutos a fondo y dejar bien atada la minucia en cuestión.

Esto funciona porque transcurridos los diez minutos, habremos alcanzado el nivel de concentración necesario y más de una vez nos sorprenderemos al ver que ya ha transcurrido una hora y hemos avanzado mucho más allá de lo que en principio nos proponíamos.

Así es como se engaña al hemisferio izquierdo. Ah, y sin culpas: él también engaña con sus múltiples excusas para impedirnos trabajar, por lo que estaremos combatiendo con con sus propias armas.

 

En caso de que tras los diez minutos no tengamos nada más que aportar, no pasa nada. Ya hemos adelantado al menos una de las múltiples tareas del proyecto, ya hemos plasmado algo y, por lo tanto, hemos avanzado. Al día siguiente, otros diez minutos.

 

Comentarios

  1. Exactamente es lo que a mí me pasa. Soy tan perezosa que pensar en una tarea inacabable me paraliza. Sin embargo me seducen más los los compromisos cortos. Me gusta lo de los diez minutos. Precisamente el viernes por la tarde pensé en escribirle una carta a una amiga. Será poco tiempo-pensé. Al final terminé redactando la carta, mucho más larga de lo que había pensado, haciendo un dibujo, y al final un relato. Me ayudó bastante tener de fondo baladas de Diana Krall. Estuve más de diez minutos, por supuesto, pero no más de dos horas. Muy a gusto y sin habérmelo propuesto.

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    1. Sí, así es como funciona. La cuestión es evitar la pereza inicial que nos entra ante una tarea más larga y llegar al estado de "fluir". Una vez ahí, el tiempo ya no es problema.
      Un beso

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  2. "Crear no es tener ideas sino plasmarlas"... ¡Puf! Es cierto...

    Me gusta lo de los diez minutos, sí.

    Muchos bestiasss

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    1. Pues... lamentablemente es así, de lo contrario habría cada creador prolífico por ahí... Bueno, quizás cuando inventen la máquina de leer mentes, algo se pueda hacer con los creadores perezosos y/o postergadores.
      Bessstias besssucones

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  3. Prometo intentar la táctica de los 10 minutos :)

    Buenos días!!

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    1. Ah, no, no. "Intentar" no. Tienes que probarla, así de contundente. Intentar implica una derrota anticipada.

      Un beso

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  4. Para las tareas-sapo que hay que tragarse a diario y para las tareas que me abruman (por grandes, complejas, por miedo o por la razón que sea), aplico esta técnica en su versión pomodoro. Para mí, 25 minutos es una porción temporal asumible en estos casos. Con el time-boxing de los 10 o 25 minutos no hay tarea que se resista.

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    1. Sí, esa técnica es muy efectiva también, sobretodo para no dispersarse. La de los diez minutos sirve sobretodo para atreverse a empezar hasta alcanzar la concentración, porque no hay pausas marcadas y, si a los diez minutos no quieres continuar, no tienes por qué hacerlo. Para tareas sapo no sirve, sólo sirve para resistencia a empezar.
      Beso!

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