Los huevos y las cestas

Dedicar horas a algo creativo cuando no es tu profesión y sobretodo cuando no aporta ningún beneficio económico, parece una pérdida de tiempo. No es práctico. Nuestro entorno también, con todas las buenas intenciones del mundo, nos recuerda constantemente que nuestras actividades pueden estar bien como hobby, pero hay que dejar las cosas en su lugar y poner las prioridades en su sitio.

Así, poco a poco, a medida que vamos madurando, nos alejamos de las cosas que nos apasionaban en la adolescencia o juventud. Vivimos en un mundo práctico en el que lo que se valora es aquello que aporta beneficios y nos olvidamos de todo lo demás.

 

Pero ¿qué es lo beneficioso en realidad? Mientras al hablar de beneficios nos limitemos a ver la parte económica, dejaremos fuera de nuestras vidas muchas cosas que la enriquecen y hasta la estabilizan. Ya he hablado de ello en otro artículo, las actividades creativas son buenas para nuestra salud y nuestra felicidad.

Cuando las cosas se tuercen (y tarde o temprano se torcerán, aunque sea de forma pasajera), parece que todo nuestro mundo se hunde y caemos en la tristeza o desesperanza. Sin embargo, al tener alguna pasión de la que echar mano, alguna actividad creativa que potencie no sólo nuestra autoestima, sino también la sensación de control sobre las cosas, ayudará a afrontar los otros aspectos de la vida con mucho mayor optimismo y con seguridad en nuestras propias capacidades para resolver las situaciones que se presenten. Además tendremos una visión mucho más equilibrada de la realidad, pues seremos conscientes de que no se está torciendo todo, sino un sólo aspecto de nuestras vidas, mientras que los otros van bien. Así anularemos las actitudes destructivas.

 

Es lo que se dice no poner todos los huevos en la misma cesta. Éste es el verdadero beneficio que traen las actividades creativas. Optimismo, autoconfianza y sensación de control al menos en alguna parcela de nuestras vidas. Un pequeño refugio en el que resguardarse y recuperar la serenidad.

 

6 comentarios:

  1. ...Aunque a veces, a mí me ocurre, hasta esas cosas que me apasionan dejan de hacerlo si otra importante se tuerce, aunque sea momentáneamente. Por hacer de abogada del diablo :)

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    1. Señora abogada, así es. Pero creo que tiene más que ver con el valor que damos a cada cosa que con el torcimiento en sí. Tal vez no pongamos las pasiones en el mismo plano de importancia que las cosas torcidas. Por supuesto, hay situaciones vitales más graves que lo descolocan todo. En esos casos es natural centrarse en ellas.

      Un beso!

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  2. Me viene a la cabeza una persona con la que compartí una dinámica en un curso. Al preguntarnos el profesor por nuestras pasiones, ella no supo apuntar ninguna. Era una persona muy preparada con másters y toda una hilera de cursos y demás. En ese momento me sentí con algo valioso entre manos porque yo sí tenía una pasión que me empujaba: escribir. Evidentemente no tengo un currículum de bata de cola que se despliega en interminables folios. Pero sé que los malos momentos se pueden transformar en algo que tenga sentido a través de la escritura. Sí, te da equilibrio y te habla de tí. No dejar los huevos en la misma cesta, exactamente eso. Gracias Anca por hacernos pensar y valorar lo que no vale dinero pero tiene mucha alma. Un abrazo.

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    1. Me parece tristísima la vida de la persona que describes. Yo me recuerdo así, hace décadas. Claro que entonces era mucho más vieja de lo que soy ahora.

      Un beso.

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  3. Doy fe de que lo que dices es una verdad como un templo!
    besitos (no imaginas cuánto me ha ayudado el taller de creatividad en esta vida reseteada que llevo ahora)

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    1. Me alegra tanto lo que dices! Madre mía, estás imparable!!! Olé por ti!!!

      Un beso

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