Técnica versus alma

Hace algunos meses recopilaba aquí algunos consejos de Shaun Tan, siendo uno de ellos el siguiente:

Por supuesto, una cierta competencia técnica como artista es necesaria, pero no deja de ser una herramienta para la realización de ideas. Sin una gran imaginación, tu habilidad se limita a eso, a «estilo» y «efectos» sin un valor inherente.

Hay muchos "artistas" que tienen una técnica impresionante, que hacen alarde de ésta y la exhiben como si fuera algo realmente valioso. 
Un ejemplo claro es la de algunos cantantes, con gran voz y gran técnica, que siempre escogen canciones para lucir esa técnica y ese chorro de voz. Acaban cantando siempre a grito pelado (eso sí, muy afinado) evitando aquellas canciones más delicadas. En éstas últimas se sienten inseguros, desprovistos de su escudo técnico. 
Otro ejemplo son los dibujantes. Los hay que dominan la técnica hasta el hiperrealismo, consiguen plasmar todo lo que ven con exactitud asombrosa, hasta el punto que cuesta creer que no se trate de una fotografía. Otros, en cambio, con cuatro lineas (o a veces menos) consiguen captar la esencia de lo dibujado. 

En mi opinión, éste es el verdadero arte, transmitir más con menos. Cuatro lineas para un retrato, o unas notas frágiles en mitad del torbellino, o tres palabras que cuentan un mundo de delicadeza.

¿Y como se consigue esto? Con el alma. "Una cierta competencia técnica" se adquiere con la práctica, una y otra vez, probando y equivocándose, rehaciendo, volviéndolo a intentar. Pero el alma se consigue sólo si se ama aquello que se está haciendo, si el/la artista se muestra tal como es y tal como siente, si se atreve a mirarse al espejo y además mostrarse ante los otros sin artificios. De este modo el observador se verá reflejado y entenderá la obra: si hay algo en lo que nos parecemos todos es en nuestra fragilidad humana.




Creatividad ¿para qué?

Hay quienes piensan que la creatividad (sobretodo la artística) es un lujo no muy útil, algo para bohemios y desocupados. No le ven mucho sentido a eso de invertir tiempo en ello. ¿Para qué?

Una de las participantes de los talleres de creatividad que he impartido trabajaba con enfermos terminales. 
Meses después del taller me contó que había estado enseñando a una de sus pacientes las técnicas aprendidas en el taller y que a ésta se le había iluminado la cara. Desde ese momento, la paciente dedicó cada día un rato a escribir cuentos infantiles. Y, desde ese momento, sus días dejaron de ser solamente médicos y tratamientos, para llenarse de cuentos y creatividad. 
Evidentemente, en los pocos meses que le quedaban, no aspiraba al éxito y la fama, sino a recuperar la alegría.

Alegría. Esa es la palabra que mejor define lo que queda después de una sesión de trabajo creativo. Me pasa siempre que escribo un buen cuento: lo que queda del día es pura alegría, aunque sólo esté fregando los platos.

Ayer empezamos el taller de creatividad: dos horas riendo a carcajadas y con la mente llena de imágenes nuevas e inesperadas, creadas por las participantes (que, por cierto, estuvieron espléndidas). Sigo con esa alegría incluso hoy. 

¿Para qué la creatividad? Por la alegría (y en mi caso, al impartir los talleres, también por las alegrías).



Pequeños tramos

Ocurre que cuando nos proponemos empezar a ser creativos (o cualquier otra cosa que suponga un cambio de hábitos) el esfuerzo nos parece enorme. No sabemos por donde empezar, no sabemos cual de las miles de cosas que hay que hacer debería ser la primera, porque todas son importantes, etc.

Lo mejor en estos casos es proponernos recorrer pequeños tramos, con objetivos y tareas concretas. Puede ser cualquier reto que nos propongamos, desde hacer los ejercicios de un libro específico a razón de uno al día, por orden y sin saltarse ninguno hasta unirse a otras propuestas (siempre hay alguna propuesta a la que apuntarse).

Estas tácticas nos ayudan a concentrarnos en una sola cosa y nos libera de la responsabilidad de decidir qué creamos. Son como los deberes del cole y para obedecer en este aspecto estamos muy bien entrenados. Nuestro lado racional estará satisfecho de que cumplamos con una obligación (aunque sea autoimpuesta).  Por si fuera poco, cada día que hagamos los deberes, al igual que ocurría en el colegio, aprenderemos un poco más  practicando e interiorizando nuestras habilidades.

Las propuestas pueden ser muy variadas, cuanto más variadas, mejor. Lo que es importante, si es que queremos de verdad llevarlas a cabo, es que tengan una fecha de comienzo y de final definidas. De este modo no nos parecerá que estamos haciendo un cambio de hábitos para siempre, sino que es temporal, por lo que la resistencia al cambio será neutralizada.

Para los más versados, estos retos por tramos sirven como desatascador (y también como práctica, que no sobra nunca).


Entrevistas

Os invito a que os toméis una hora para ver estas entrevistas sobre creatividad. Hoy, mañana, o cuando tengáis un rato de calma.




Aprender algo nuevo

Cuando me noto estancada o pierdo la ilusión por escribir, basta con hacerme una sola pregunta: ¿qué he aprendido de nuevo en los últimos meses, con qué me he esforzado por comprender los conceptos? Si la respuesta es "nada", ya tengo diagnóstico para mi apatía creativa.

Al igual que las rutinas diarias son tan poco nutritivas para la creatividad, las rutinas cerebrales son letales. La creatividad implica novedad y esta novedad no va a salir de las mismas cosas de siempre.
Aprender algo nuevo es uno de los medios más eficaces para romper la rutina comodona del hemisferio izquierdo (además de los muchos otros beneficios para nuestra vida diaria y nuestro cerebro).

Cuando le ofrecemos retos a nuestro cerebro, éste se mantiene activo y vital. Además, al no haber soluciones predeterminadas para las distintas tareas, el hemisferio derecho también participa de la actividad, con todos los beneficios que esto aporta a la creatividad. Y, por último, los nuevos aprendizajes se suman a los anteriores, creando nuevas conexiones tanto conceptuales como neuronales. ¿Alguien da más?

Lo curioso es que el aprender cosas que no estén relacionadas con nuestro campo es mucho más efectivo que profundizar en lo que ya conocemos (me refiero a nivel de creatividad). Cuanto más novatos seamos en este aprendizaje, más estímulo recibiremos, más vitalidad y más vitaminas para nuestra creatividad.

¿Tenéis alguna lista de cosas pendientes por aprender? Da igual que sea puenting o código HTML, es el momento de abordar vuestro aprendizaje pendiente.



Ponerse límites

Cuando apenas se está empezando una actividad creativa es fundamental tener la libertad total. Por un lado es preciso acallar ese lado racional que inhibe nuestra creatividad, por otro lado porque no tenemos todavía suficientes "tablas" ni técnica como para poder permitirnos ninguna limitación. Y por último, necesitamos explorar y experimentar.

Pero una vez superada esta etapa, los límites autoimpuestos se desvelan como una gran fuente de creatividad, precisamente por esa necesidad de resolver que mencionaba en el artículo anterior

Cuando estuvo unos días en casa mi prima (pintora profesional desde hace 30 años) la acompañé a comprarse algún material con el que trabajar esos pocos días. Se compró sólo tres colores y, para mi sorpresa, no eran los tres básicos, sino el amarillo, el negro y el burdeos. Le insistí en que comprara alguno más, pero se negó: se estaba poniendo límites. Me dijo que quería forzarse a crear con estos pocos colores.
Al cabo de unos días había hecho varios dibujos, muy diferentes entre sí y muy logrados.

También suelo ponerme límites a la hora de escribir. Los tengo en aMINUSCULA y los tengo en los cuentos literales.
Un ejemplo muy claro es el cuento "Perdices" (todavía no publicado). En este cuento, que habla de verduras, me propuse no repetir ni una sola vez un vegetal. Siendo que casi cada frase del cuento contiene una alusión a las verduras, para empezar hice una lista de todos los vegetales comestibles que conozco y me obligué a pasar por este aro tan estrecho. El resultado (que espero publicar algún día) es un cuento colorido, mucho más de lo que sería si no me hubiera puesto este límite.

Así pues, superada la primera fase, la creatividad aumenta al ponerse límites y acatarlos. Éstos límites pueden ser número de palabras o una letra (o nota o color) de menos,  los materiales empleados o el tiempo de ejecución, etc.

Animaos a probar.