Aburrirse

Tal como dice este artículo (en inglés), el aburrimiento es bueno para la creatividad. 

Yo añadiría que el aburrimiento (el buen aburrimiento) es bueno para cualquier cosa si se practica en el momento adecuado. Cuando llevamos mucho tiempo en una actividad, cuando ésta se integra a nuestra rutina, resulta mucho más fácil llevarla a cabo pero, al mismo tiempo, empieza a perder sabor e intensidad.  Disminuye la pasión. De ahí que, de tanto en tanto, se necesiten unas vacaciones para revitalizarse y revitalizar proyectos a base de aburrimiento.

Así pues, para practicar con el ejemplo, allá voy: me voy a dedicar al aburrimiento hasta después del verano.   Rascar barrigas (propias o de gatos), leer, vaguear... éstas van a  ser mis ocupaciones.

Nos vemos a la vuelta. Que tengáis un buen y revitalizantemente aburrido verano.



Envasar la inspiración

Hay momentos en los que la inspiración acude sola (generalmente con más fuerza al inicio de de un proyecto), las ideas se atropellan las unas a las otras, sin darnos un respiro, rivalizando por ser mejor y más potente que la anterior. En cambio hay otros momentos en los que no acude ninguna idea nueva a nuestra mente, ya sea porque hemos pasado varios días distanciados del proyecto, ya sea porque hace mucha calor, porque tenemos preocupaciones, etc.

Bien, es este caso lo mejor es actuar como la hormiga y no como la cigarra: en época de abundancia hay que recoger y guardar en la despensa para cuando llegue el hinvierno creativo cuando tendremos que echar mano del oficio, más que de la inspiración.

Un buen método es anotar las ideas en una lista, con pequeñas anotaciones que nos recuerden su esencia, para poder recuperarlas después. Se trata de dedicar un rato, una o dos horas a generar esta lista, a buscar las ideas sin necesidad de desarrollarlas, algo parecido a la hormiga que recoge los granos sin necesidad de comérselos en ese mismo momento. Cuando la lista contenga unos 30 items, se puede parar, aunque habrá que ir añadiendo regularmente algún que otro item. Cuantos más, mejor, porque después comprobaremos que no todas las ideas anotadas resultan fértiles o muchas acaban combinándose entre sí.

Esta misma entrada proviene de la lista que hice cuando planeaba abrir el blog, en plena lluvia de ideas sobre las cosas que podría contar aquí.
Muchos domingos me siento a escribir a la hora convenida (conmigo misma) sin tener ni la menor idea de lo que voy a escribir, pues la semana ha ido por otros derroteros y no he tenido tiempo de planificar nada al respecto. Entonces abro el archivo con el listado de ideas y escojo la que más me apetece desarrollar. Con esto me ahorro el inmenso esfuerzo inicial que supone buscar una idea de la nada, pues ya no parto de la nada, sino que tengo una tarea concreta que desarrollar y sólo tengo que redactar los pensamientos que yo ya tengo al respecto.

A nivel creativo, también hago uso de las listas con bastante frecuencia. Ejemplo visible de ello son los cuentos literales, para los que eleboré un listado de expresiones (que fue creciendo con el tiempo a medida que iba encontrándomelas por la calle). El procedimiento era el mismo: a la hora acordada, consultaba el listado y escogía la primera expresión que despertara en mí una imagen. Partiendo de esa imagen, el cuento iba solo.

Así pues, la inspiración se puede envasar y conservar para el invierno creativo. Bueno, no queda igual que cuando está fresca, pero cumple su función perfectamente hasta que todo se confabule para aprovechar la ola.