Amor y compromiso

Muchas veces, durante un día normal, nos acordamos de los seres a los que queremos. Algo que vemos o algo que nos cuentan, nos hace pensar en ellos: este pantalón le iría bien a mi hijo/a, este curso le encantaría a mi pareja, mi gato fliparía con estas cortinas, etc. Esto ocurre porque les amamos y les tenemos siempre presentes.

 

Lo mismo deberíamos hacer respecto a la creatividad: amar nuestros proyectos y tenerles siempre en mente. Con ello conseguiremos no sólo un mayor compromiso, sin también encontrar aquellas cosas que podemos incorporar para enriquecerlos: esta frase le iría bien a mi novela, esta ropa le iría bien a mi personaje, este punto me gusta para un nuevo jersey, esta combinación de colores sería fantástica para mi ilustración, etc.

 

Estar en proceso creativo es estar siempre atentos a todo. Las ideas están en todas partes y las nuevas conexiones son lo que va a hacer nuestro trabajo original y único. Nadie ve las mismas cosas al observar un objeto, escena o paisaje, para luego pasarlos por el mismo filtro interior y plasmarlo en una obra de similares caracerísticas o de un mismo género. Es imposible que ocurra esto, de ahí que las maneras de transformar y plasmar lo observado sean infinitas.

Pero para que así ocurra, hay que estar en observación constante, hay que tener las antenas bien desplegadas y listas para captar fragmentos de lo que nos pueda servir.

 

¿Conocéis alguna voluntad tan inmensa que sea capaz de mantener nuestra atención de forma tan continuada? Sólo el amor. Así, pues, hay que enamorarse de cada proyecto, no nos queda otra. Y para enamorarse, éste tiene que nacer desde dentro, tiene que ser aquello que auténticamente queremos hacer, más allá de las modas, de lo que vende o de lo que gusta a otros.

Diario creativo (2)

Seguimos con los diarios creativos, porque hay más maneras de hacerlos y no es cuestión de perder oportunidades.
Personalmente, me encantan esos diarios llenos de dibujos coloridos, mezclados con texto y recortes de revistas, como los que se pueden ver aquí o aquí. Nunca he tenido un diario así, pues mi mente que escribe no se pone de acuerdo con mi mente que dibuja, se dedican a anularse la una a la otra, por lo que tengo que realizar dichas actividades por separado (incluso en cuadernos separados).

Aparte de este divorcio entre hemisferios cerebrales (que no sé si padecerá alguien más), pueden haber muchas resistencias para llevar a cabo un diario así: "¿y qué escribo o dibujo dentro?" "¡pero si yo no sé dibujar!".
Si el soporte, es decir el cuaderno, es bonito, aún será peor, porque ninguna cosa será merecedora de manchar las bellas hojas.

Para remediar este bloqueo, hace poco ha salido a la venta en España un diario para destrozar. De hecho incluso se llama "Destroza este diario" (aquí tenéis un vídeo sobre éste y aquí fotos de trabajos hechos por diversas personas sobre éste). También existe aplicación (en inglés) para Android y para iOS.

No sé si realmente vale la pena comprarlo, la pautas que da son bastante sencillas (aquí podéis ver unas muestras) y nos las podemos dar solitos sobre un cuaderno muchísimo más barato, pero cada quien tendrá que evaluar si necesita guía o no. Lo que sí me parece interesante es la premisa que conlleva este diario: destrozarlo.
El hecho de crear pasa por diversas fases, todas importantes. Destrozar, en el sentido de hacer las cosas sin preocuparnos de que salgan bien o mal, por el simple hecho de dejar que fluya a través de nosotros gran cantidad de ideas y conceptos desordenados, es una de estas fases que no podemos saltarnos. No obstante, bien educaditos como estamos, la idea de "destrozar" y garabatear de cualquier manera (¡¡¡en un diario que luego quedará para la posteridad!!!) nos produce verdadero espanto. Y así, por seguir siendo educaditos y respetar las normas bien asimiladas desde el colegio en lo que respecta el uso de un cuaderno, nos perdemos gran cantidad de nuevas ideas y, lo más importante, nos perdemos gran cantidad de nuevas conexiones neuronales, que son la mayor riqueza de la mente.
A quienes ya estén hartos de ser educaditos, recomiendo llevar a cabo este tipo de diario, ya sea en su versión precocinada, ya sea en un cuaderno corriente.