Los huevos y las cestas

Dedicar horas a algo creativo cuando no es tu profesión y sobretodo cuando no aporta ningún beneficio económico, parece una pérdida de tiempo. No es práctico. Nuestro entorno también, con todas las buenas intenciones del mundo, nos recuerda constantemente que nuestras actividades pueden estar bien como hobby, pero hay que dejar las cosas en su lugar y poner las prioridades en su sitio.

Así, poco a poco, a medida que vamos madurando, nos alejamos de las cosas que nos apasionaban en la adolescencia o juventud. Vivimos en un mundo práctico en el que lo que se valora es aquello que aporta beneficios y nos olvidamos de todo lo demás.

 

Pero ¿qué es lo beneficioso en realidad? Mientras al hablar de beneficios nos limitemos a ver la parte económica, dejaremos fuera de nuestras vidas muchas cosas que la enriquecen y hasta la estabilizan. Ya he hablado de ello en otro artículo, las actividades creativas son buenas para nuestra salud y nuestra felicidad.

Cuando las cosas se tuercen (y tarde o temprano se torcerán, aunque sea de forma pasajera), parece que todo nuestro mundo se hunde y caemos en la tristeza o desesperanza. Sin embargo, al tener alguna pasión de la que echar mano, alguna actividad creativa que potencie no sólo nuestra autoestima, sino también la sensación de control sobre las cosas, ayudará a afrontar los otros aspectos de la vida con mucho mayor optimismo y con seguridad en nuestras propias capacidades para resolver las situaciones que se presenten. Además tendremos una visión mucho más equilibrada de la realidad, pues seremos conscientes de que no se está torciendo todo, sino un sólo aspecto de nuestras vidas, mientras que los otros van bien. Así anularemos las actitudes destructivas.

 

Es lo que se dice no poner todos los huevos en la misma cesta. Éste es el verdadero beneficio que traen las actividades creativas. Optimismo, autoconfianza y sensación de control al menos en alguna parcela de nuestras vidas. Un pequeño refugio en el que resguardarse y recuperar la serenidad.

 

Aprendizaje, constancia y sueños

Si os dijeran que en unos años vuestras ilusiones podrían ser realidades ¿emprenderíais el camino? Si no importara el desconocimiento de la materia que os apasiona ¿lo haríais?

Hace poco más de seis años no sabía trazar dos rayas juntas. Lo había intentado de forma puntual, desde pequeña, con resultados lamentables. Un día me dije que me daba igual hacerlo mal, pero que yo jugaría a dibujar. Sólo jugar, no me atrevía a aspirar a nada, sólo darme permiso de rayar el papel aunque saliera mal.

En algún momento entró en mi cabeza la idea de que me gustaría, en mi próxima vida, ser ilustradora infantil, asumiendo que en esta vida no iba a lograrlo. Aspiraba a ilustrar cuentos donde el peso estuviera en el texto, para así compensar mis carencias que, con toda seguridad, me perseguirían en mi próxima vida. Y mientras, seguía dándome permiso para ensuciar el papel.

Ensuciando aquí y allá, practicando, viendo que podía hacer algo más que ensuciar, fui animándome y adquiriendo alguna destreza. Luego alguna más y luego más todavía. No fui constante, pasé largas temporadas sin dibujar, decidí olvidarme de ello mil veces, por falta de imágenes mentales y dificultades para comprender el color... Por suerte dibujar me relaja, así que siempre acabé volviendo.

 

Ahora, poco más de seis años después, a pesar de mi falta de constancia, publico mi primer álbum ilustrado infantil. No me ha hecho falta otra vida, ya en esta (y con mucho tiempo por delante) he conseguido catar mi sueño. De haber sido constante, seguramente habría aprendido en menos tiempo (de haber realizado algún curso también).

 

Este primer álbum ilustrado está lleno de fallos, yo ahora se los veo en cada ilustración, pero ahí está. Y he aprendido mucho de éstos fallos, ya en el segundo (inédito todavía) no los he repetido.

Por cierto, el cuento lo tenéis disponible aquí y en el lateral del blog, para quien lo quiera leer. Si después lo queréis puntuar en Amazon, os quedaré agradecida. Y si además alguien lo quiere comprar en versión digital (para PC, tabletas y móviles), daré algunos saltitos de alegría.

 

Casualidad o no, el cuento habla de lo mismo que este artículo. De aprender, pese a las dificultades.

 

Si os dijeran que en apenas unos años sabríais dibujar (o tocar el piano, escribir novelas, esculpir, bailar claqué, etc) ¿empezaríais hoy? ¿practicaríais mañana?