Creatividad y reglas absurdas

Desde siempre me han dado envidia los perros: llegan al parque, ven a otro perro desconocido, se acercan, se huelen y, acto seguido, se ponen a jugar sin reservas. Alguna vez, al cruzarme por la calle con alguna persona interesante he tenido que aguantarme las ganas de acercarme y preguntarle "¿Quién eres?", lamentando no ser un perro.

Los humanos estamos enconsertados por una cantidad tan aberrante de reglas absurdas, que es un milagro que alguna vez se pueda dar la comunicación verdadera. No me acerco porque no conozco a esta persona, no dejo ver todo mi entusiasmo porque a ver si se piensa otra cosa, no me muestro porque me expongo...

Hace unos días, en una calle vacía, me crucé con un hombre que venía cantando una bulería a pleno pulmón. El hombre consideró que era su obligación dejar de cantar durante el tramo en que se cruzaba conmigo (unos cuatro o cinco metros, según su criterio) y después siguió. ¿Qué más daba que estuviera cantando? ¿Qué mal me hacía a mí con esto?

 

Demasiadas normas absurdas. Hace falta un espacio donde todas estas nomas queden abolidas temporalmente, hace falta tomarse días libres de estas normas de tanto en tanto.

 

¿Y qué tiene esto que ver con la creatividad? Bueno ¿acaso puede existir creatividad sin comunicación verdadera? Y ¿no son las reglas estrictas los peores enemigos de la creatividad?

 

Comentarios

  1. Ocurre también con los niños: ¿quieres ser mi amigo? Sí. Y se ponen a jugar.

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  2. Yo cuando voy por la calle suelo ir hablando conmigo mismo. Así me parece más convincente mi diálogo interior. Pienso mejor.
    También mantengo un diálogo conmigo mismo en voz alta en inglés para que mi inglés no se oxide.

    Sin embargo, tampoco quiero parecer más excéntrico de lo que ya parezco.
    Mi técnica para mantener lo mejor de los dos mundos:ausencia de reglas estúpidas("Nunca hables solo por la calle") y evitar que la gente se cambie de acera antes de cruzarse conmigo: me pongo unos auriculares de ipod en las orejas y así la gente piensa que estoy hablando con alguien y no genero extrañeza o precaución. Y todos contentos.

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    1. Jajaja, muy buena técnica. Si un día tengo ganas de cantar por la calle (a veces me pasa como a ese señor) te la copio.

      Luego, otra norma absurda es que que en los espacios cerrados y pequeños es absolutamente obligatorio hablar con los extraños que allí se encuentren. El tema socialmente consensuado es el tiempo (ni se te ocurra hablar de algo personal o preguntar ¿quién eres?). En cambio, en espacios abiertos sólo te puedes acercar a un extraño si este lleva un animal (perro, preferiblemente). Con el perro no hay problema, la amistad, por adulto que seas, se establece en pocos segundos, a lametones.

      Sería interesante averiguar quién se inventó estas normas y por qué.

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  3. Los perros no son buen ejemplo. Aunque a veces juegan entre sí, la mayoría de las veces se ladran nada más verse. Eso no nos gustaría evitar, supongo.
    Los niños no se suelen pegar o insultar nada más verse.
    Mejor el ejemplo de los niños pequeños que el de los perros.

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    1. Si vieras los mismos perros en la consulta del veterinario... Ahí todos amigos, incluso de los gatos. Supongo que sentirán cierta exigencia a demostrar quienes son, pero eso va más con los humanos que les acompañan que con ellos mismos.

      El ejemplo de los niños es bueno porque demuestra que nosotros también somos así, que se nos cambia nuestra forma de ser natural.

      En cuanto a ladrarnos... Sobre eso no hay problema. Ladramos a los desconocidos sin pudor (porque se ha colado en la cola del super, porque nos ha adelantado indebidamente, etc), el problema es mostrar nuestra simpatía. Es sobre la simpatía sobre la que hay normas ferreas y te tomarían por loco si invitaras a un café a la señora que se te ha colado en la cola del super. Un loco peligroso, para más señas. Puede que hasta violador.

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  4. Dar "buena" imagen versus comunicarse. Cuando yo silbo por el cole y veo a alguien y me callo, luego pienso, ¿no será mejor seguir silbando, que transmite felicidad?

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    1. Pues sí, María, mejor seguir silbando. No sé por qué no está permitido esto, si no hace ningún daño a nadie.

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  5. Qué graciosa! De verdad que es una reflexión que me ha dejado pensando mucho. Es que a mi me pasa constantemente que tengo ganas de preguntarles cosas a la gente. Como no lo hago me invento sus vidas con una facilidad enorme, pero lo cierto es que a veces unas pinceladas de realidad también podrían ser interesantes...qué pena vivir entre tantas reglas...
    Muy buena la técnica de los auriculares...jajajajaja
    Saludos!

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    1. Sólo está permitido preguntar cosas a la gente que te ha sido oficialmente presentada. A los demás ni mú, a menos que sea en un ascensor.

      Miedo me da lo que te inventarás de cada cual. Me gustaría conocer algunas de estas historias.
      Un abrazo

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