Crear el espacio

Imaginemos que alguien ha leído el libro Encuentra tu elemento y de pronto ha decidido que sí, que ya lo tiene y que quiere empezar a disfrutar de él. "Pero no tengo tiempo", se dice a sí mismo.

En este caso, la primera creación de todas es el espacio donde colocar esta nueva actividad. Me refiero tanto al espacio físico, como al mental y al horario. Para éste último, el más difícil, ahora es el momento adecuado. Ninguna época del año es mejor que ésta, las actividades del nuevo curso todavía no están programadas, los espacios están todavía vacíos y es cuando podemos hacer que todo encaje. Por supuesto, si algo nuevo entra, algo viejo tendrá que salir, pero si de verdad hay interés, esto no va a suponer gran sacrificio.


Crear el espacio horario
Manejamos nuestros horarios en función de prioridades (impuestas o elegidas), así que lo primero va a ser dar a la actividad una prioridad alta. Cuantas más resistencias tengamos a la hora de ponernos, más alta tendrá que ser la prioridad, cuanto más largo el aplazamiento también. En todo caso, yo recomiendo empezar el curso con mucho espacio horario vacío, ya se irán añadiendo cosas como por arte de magia hasta el punto de no saber de dónde sacar los minutos. Empezar el nuevo curso con horarios apretados es un error por mucho que ahora, descansados, sintamos que nos vamos a comer el mundo. En realidad es la manera más segura de acabar abandonándolo todo, de sentirnos fracasados y cargarnos de estrés. 
Hay algunas prioridades ineludibles, como las relaciones con los seres más queridos y ganarse el pan. Son dos. Así pues, en el top 3 de nuestra vida sólo cabe una más y ahí es donde va a estar nuestro elemento. Todo lo demás que queramos hacer tendrá que ir acoplándose a los huecos que dejan nuestras prioridades esenciales (que son las relaciones, el sustento y lo que nos hace felices). No importa si tenemos la costumbre de ir al gimnasio todos los martes y jueves desde hace años, éste es un nuevo curso y hay que configurarlo conforme a lo que aspiramos obtener, no a las costumbres (siempre puedes salir a correr en algún hueco que quede libre y, de paso, ahorrarte un dinero).
Teniendo esto claro, hay que asignar un horario específico para el elemento, un horario tan sagrado como las otras dos prioridades del top 3 y que vamos a cumplir sin excusa.

Crear el espacio mental
Teniendo los horarios despejados y habiendo priorizado la nueva actividad, el espacio mental ya está en marcha. Basta con acudir a la cita, aunque no se sepa muy bien qué hacer los primeros días (o semanas). Para arrancar, se pueden aprovechar los primeros días para leer sobre el tema, mirar el trabajo de otras personas, etc. Ojo, sólo los primeros días, de lo contrario esto puede convertirse en una forma de postergar muy eficaz.
Dentro del espacio mental, guardaremos un hueco para la motivación (por qué queremos hacer esto, a qué aspiramos) y también para una visión razonable del punto en el que nos encontramos: no pretendamos ser genios de buenas a primeras, asumamos que tenemos que adquirir los conocimientos y destrezas necesarios y que esto lleva un tiempo.

Crear el espacio físico
Tanto si necesitamos un espacio físico en el hogar donde realizar la actividad, como si vamos a llevarla a cabo fuera de casa, es importante crear un rincón visible para hacer más tangible el hecho de que nuestro elemento va a formar parte de nuestra vida. Un rincón cuya visión lo haga presente y que nos recuerde constantemente que, en el horario establecido, tenemos una cita.
Para quienes van a realizar la actividad desde el hogar (escritura, pintura, manualidades, marquetería, cocina, costura, etc) se trata de ocupar un espacio, por mínimo que sea (en un armario si hace falta) dedicado exclusivamente a nuestra actividad. Esta va a ser la materialización del nuevo elemento que va a ocupar nuestras prioridades. Si ya tenéis un rincón, o incluso un cuarto, hacedlo más acorde con la nueva prioridad: redistribuid los muebles, poned imágenes relacionadas con vuestro elemento, alfombras... llenadlo de magia y de calidez. Que sea un rincón donde os apetezca estar. Vaciadlo de cosas que no estén relacionadas, archivad el papeleo (sobretodo facturas) y tirad todo aquello que no sea de utilidad.
Quienes han encontrado un elemento que se realiza fuera de casa (teatro, danza, surfing, forja, etc.) podéis realizar un mural con imágenes inspiradoras y dejarlo bien visible. No es necesario que esté en el salón, pero puede estar perfectamente en el cuarto destinado al ordenador. También podéis hacer que vuestras herramientas (nariz de payaso, zapatillas de ballet, tabla de surf...) formen parte de la decoración.
Lo importante, en todos los casos, es que al llegar a casa recordéis de un vistazo quienes sois en realidad, por debajo de todas las máscaras, roles y obligaciones que taréis al entrar por la puerta.

¿Y esto duele? Sí, un poco. Habrá resistencias por parte de quienes se vean desplazados a otra posición en las prioridades, habrá malos amigos que no entenderán que prioricéis vuestra vida y no lo la suya, os llamarán egoístas... Habrá culpa, temores y dudas, momentos en los que den ganas de rendirse. Pero será sólo al principio: con el tiempo, los amigos verdaderos entenderán nuestra postura, resultará que no pasa nada por no cumplir ciertas obligaciones sociales o rituales que siempre se han dado por sentados y que dedicar una porción de vuestra vida a lo que realmente os hace felices es la única manera de vivir posible.

¿Y tú? ¿Has creado el espacio?




4 comentarios:

  1. No, no he creado el espacio. "Mea culpa". Es quizá por intentar compartir más tiempo cerca de mi pareja, por lo que estoy acostumbrado a escribir en la sala de estar. Así es mucho más difícil concentrarse, así que supongo que debería trasladar el espacio a otro lugar más tranquilo.
    En todo caso es innegable que reservar el espacio produce el doble efecto de facilitar el trabajo y por otro lado indicarle a tu subconsciente que te tomas en serio tu propia intención.
    Un saludo.

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    1. Justamente de eso se trata, de tener presente tu compromiso y tu seriedad en la intención. En mi caso, tengo a mi disposición toda la casa, pero tengo habilitado un espacio con su mesa de trabajo, la estantería con libros relacionados e instrumentos de dibujo y pintura... y dos cómodas camas de gato (al gusto de cada uno). Rara vez lo uso, cierto felino loco no soporta verme sentada a esa mesa, pero ahí está, recordándome cada día que tengo un trabajo que hacer. Y, para renovar el poder de este recordatorio, cada año por estas fechas lo ordeno todo, lo despejo de todo lo innecesario y hasta lo embellezco con imágenes inspiradoras o retapizando la silla o yo que sé. Tener un espacio para ello en mi casa me facilita tener un espacio para ello en mi cabeza (en cambio, mi tabla de planchar siempre está llena de cosas, porque en mi cabeza también la tarea de planchar está debajo de un montón de cosas). Se trata de plasmar en el exterior lo que quieres que ocurra en el interior.

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  2. Yo tengo mi libreta de escritura y de dibujo en un cajón. A ver si puedo conquistar más espacios de la caja. Buenas recomendaciones Anca.

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    1. Sólo un cajón???? En tu casa habrá que hacer una revolución. Ya Virgina Wolf hablaba de una habitación propia, Rosana. A por elllo!

      Un beso

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