Ir más allá de la primera idea

En los ejercicios de palabras aleatorias, los escritores que los usan de manera instintiva, es decir sin un conocimiento previo sobre esta técnica, lo que hacen es relacionar las palabras de la primera manera que se les ocurre, normalmente dejándose llevar por lo que va surgiendo de la propia escritura. Es divertido, aunque no alcanza ni de lejos el potencial que se esconde en esta técnica.

Esto se debe al hecho de que en la improvisación (que es lo que se está usando en realidad) sólo implicamos las competencias del hemisferio derecho, echando mano de lo que hay en el subconsciente, pero sin elaborar después este material con las habilidades fantásticas que también aporta el hemisferio izquierdo en el proceso creativo. Por otro lado, y esto es muy importante, porque nos quedamos con la primera idea que viene.


La primera idea no suele ser la mejor. Nuestro modo mental de funcionar "por defecto" se basa en la optimización de recursos, en procesar la información de manera rápida y eficaz, algo que, como he comentado muchas veces tanto en el blog como en los libros, es esencial para nuestra supervivencia. Por lo tanto, cuando lanzamos una pregunta a resolver por nuestro cerebro, la primera respuesta que vamos a obtener es la que ya tiene "empaquetada" y lista para servir, aquella que nos da siempre en circunstancias similares, lo que llamaríamos "una idea rápida" (su equivalente gastronómico sería un sandwich de lo primero que pilles), para solventar la situación de la manera más expeditiva posible y pasar a otra cosa. Si pasamos por alto esta primera respuesta y seguimos lanzando la pregunta, el cerebro empezará a trabajar y buscar más allá. No sabemos en qué punto exactamente dará con LA idea, por eso debemos provocar varias respuestas para después ir trabajando sobre ellas y escoger la mejor. Hay un mínimo exigible: cinco ideas. Con menos de cinco no vamos a encontrar nada especial (con más será realmente bueno).

 

Para que puedas comprobar este funcionamiento del cerebro, te voy a proponer un ejerecicio muy sencillo (que pueden realizar incluso aquellos que no se creen creativos): elabora una lista de 20 cosas con las que difrutas, 20 cosas que te guste hacer. Comprobarás que esto, aparentemente tan fácil, se complica a partir del quinto elemento de la lista. Estas cinco primeras cosas son las que haces habitualmente y el cerebro te las sirve de inmediato. Y cuando te las sirve recurres a ellas creando un bucle que, al cabo de los años, limita tu disfrute: sólo haces estas cinco cosas y el cerebro sólo te propone estas cinco cosas, por lo que sólo se te ocurrirán cinco cosas la próxima vez. Así es como nos vamos limitando en nuestros actos y en nuestras ideas.

Bueno, sobra decir que, cuando tengas la lista elaborada con sus 20 ítems, lo siguiente que debes hacer es disfutar de cada una de esas actividades abandonadas que no sólo harán tu momento más feliz, sino que abrirán tu mente de nuevo, sacándote de la rutina.

 

Volviendo al tema del artículo, cada vez que se utiliza una técnica de generación de ideas, sea cual sea, es necesario aplicar este principio del mínimo de ideas a generar y no conformarse con la primera idea para ir más allá de la "idea rápida".

Y tú ¿de con qué clase de ideas alimentas tu cerebro?

6 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo en lo de la idea rápida. Tendemos a la pereza, y la primera respuesta de nuestro cerebro es "Usa esto mismo que tienes aquí". Sólo después de gruñirle un poco al cerebro y exigirle que se esfuerce podemos conseguir que de un poco más de sí y que nos sirva alguna cosa más interesante.
    Es como los camareros de los restaurantes de medio pelo que te ofrecen un chupito de ínfima calidad y sólo después de exigirles un poco te ofrecen algún licor mejor.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo no creo que sea pereza, sino eficiencia. Si tuviéramos que evaluar la infinidad de opciones en casa pequeña decisión, nos quedaríamos paralizados si salir de la cama.
      En cuanto a gruñirle, no es necesario. El cerebro está encantado de hacer su trabajo y es como un niño que, al escuchar una pregunta que sabe, no puede evitar contestarla, aunque se le haya pedido que no lo haga. Pero si le dices "Esta respuesta no me sirve ahora, sigue buscando", lo hace encantado. Es cuestión de acostumbrarse a pedir más.

      Eliminar
  2. Yo últimamente estoy un poco falta de ideas, creo que me voy a poner a escribir esas 20 cosas que me gusta hacer, que me tengo un poco olvidada. Gracias Anca.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sólo una advertencia: si luego practicas las 20 cosas de tu lista, puedes acabar con la moral por las nubes :)

      Un beso

      Eliminar
  3. A mí me gusta mucho intentar obtener 100 ideas. Lo he hecho ya en varios artículos en mi blog. Es un buen ejercicio. A partir de la quincuagésima idea empieza a costar y tienes que exprimirte. Pero cuando acabas con las 100 te sorprendes de la cantidad de ideas que había dentro de tu cabeza.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, todo lo que tienes de minimalista por un lado, lo tienes de derrochón por el otro. Ya lo vi en la degustación de creatividad. Pero justo de eso trata el minimalismo, ¿verdad?

      Eliminar