El toque personal

Cuando nos formamos, en lo que sea, seguimos un programa estructurado, con un temario determinado, homologado y aprobado, impartido a miles de personas más exactamente del mismo modo. Así es como obtenemos un título (que no es más que una etiqueta, como las del tarro de mermelada) para que otros sepan qué es exactamente lo que sabemos. Como profesionales, estamos siendo producidos en serie, todos iguales e intercambiables los unos por los otros. No hay individualidad en esta educación formal, no hay diferencia entre unos y otros, tal como salimos de fábrica. ¿Dónde reside entonces nuestro toque personal?

El toque personal está en las múltiples combinaciones que podemos crear entre la etiqueta del tarro de mermelada y la infinidad de otros conocimientos y destrezas que se van configurando a lo largo de la vida. Y no, no se trata de estudiar más carreras y hacer cursos de esto y de lo otro, en realidad se trata sólo de vivir plenamente, de disfrutar de las cosas que nos gustan y entregarnos a ellas con pasión.
El tiempo libre es el tiempo de nuestra mejor versión. Lo que hacemos con él (si es que hacemos algo) es lo que va a crear ese toque personal. Nuestras creencias, nuestros valores, nuestras relaciones (y lo que aprendemos de ellas) y nuestras aficiones son lo que van a configurar quiénes somos en realidad. Cuantas más aficiones y pasiones tengamos, más rica será nuestra configuración personal y, sobretodo, más opciones de combinar áreas y conocimientos dispares en ideas nuevas y únicas.
Y así es como llegamos al tema de este blog: cuantas más aficiones dispares, cuanta más pasión por asuntos ajenos a nuestra etiqueta oficial, cuanta más vida y experiencias, más creatividad obtendremos.

¿Estás cultivando tu toque personal?

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