Las distracciones más peligrosas

Se habla con bastante frecuencia de las distracciones a las que estamos expuestos hoy en día: redes sociales, correo electrónico, el exceso de novedades y noticias, la sobreestimulación... Sin embargo, para las personas creativas las distracciones más peligrosas siguen siendo las mismas que existían hace siglos: el fracaso y el éxito.

El fracaso:
El fracaso es una constante en la vida de alguien creativo. Los hay de varios tipos y dimensiones, desde el fracaso a la hora de mantener una disciplina, hasta el fracaso de conseguir vender el trabajo realizado, pasando por los distintos fracasos en la propia realización del trabajo. Estos fracasos, como todos los fracasos, suelen venir acompañados de frustración. Entonces empezamos a cultivar un monólogo interior que nos distrae: que si no tenemos suficiente talento, que si no tenemos suficiente oficio, que si somos demasiado desorganizados, que si el enchufismo y los amiguismos... Y ahí es adonde van nuestras energías, en este monólogo interior tan alejado de lo que realmente importa. Pasamos un tiempo valioso perdidos en estos pensamientos, hasta que en un momento dado (días, semanas o meses después, dependiendo de la gravedad del fracaso), volvemos a sentir la pasión que nos empuja a hacer, pase lo que pase.
¿Qué ocurriría si asumiéramos este fracaso como parte del proceso? ¿Y si, en vez de deprimirnos, siguiéramos con la mirada fija en el objetivo, sin interiorizar ni procesar el fracaso? ¿Y si dejáramos de llamarlo "fracaso" para llamarlo "intento"?
El problema es que no nos va la vida en ello. Para otras actividades asumimos fácilmente el fracaso como algo que va a ocurrir: nadie ha aprendido a caminar sin caerse, pero todos aprendimos porque era una necesidad. En el aspecto creativo nuestras sensibilidades están a flor de piel, como si todo nuestro valor como persona estuviera ligado al resultado de nuestro trabajo, aunque no sea una necesidad de vital importancia. Es cierto, la creatividad no es una necesidad vital, sino del alma, así que los fracasos también van directos al alma. Bien, si quieres dedicarte a un trabajo creativo (tanto si es con fines lucrativos como si no), ya sabes que vas a pasar por esto, porque vas a fracasar seguro y cada vez que lo hagas, te va a doler en el alma. ¿Podrás resistirlo sin distraerte?

El éxito:
Personalmente considero el éxito mucho más peligroso que el propio fracaso. Cada éxito, al igual que los fracasos, va directo al alma. Esta vez pensamos que toda nuestra persona cobra un valor, aunque esto está muy alejado de la realidad: ningún éxito, por grande que sea, hará que en el fondo valgamos más o menos de lo que ya valíamos antes. Como personas seguiremos con las mismas virtudes y defectos de antes de ese éxito.
Pero cuando el éxito llega a la puerta, te seduce e hipnotiza. El ego se ve mimado por halagos, por atención (que es lo que quieren todos y cada uno de los egos). Tras tanto trabajo y tanto fracaso que sin duda se ha tenido que pasar antes de ese éxito, nos regocijaremos en esa sensación placentera. Sólo que el éxito es muy efímero, al igual que el fracaso, aunque a este último si podemos mantenerlo presente en nuestras mentes por tiempo indefinido, sin que pierda intensidad, con artimañas masoquistas. El ego se alimenta de éxitos y los devora en un plis, sin saborearlos. Nos llegan las felicitaciones o el reconocimiento y de pronto estamos tan bien, que queremos más. Sólo que a la vuelta de la esquina está el éxito de otra persona, que nos quita el deseado (y merecido) protagonismo, dejándonos con hambre de más.
Cada vez que queremos más estamos abriendo un agujero de vulnerabilidad en nuestra alma, la estamos dejando a merced de lo que ocurra fuera, sin que a nadie de fuera le importe un pimiento nuestra alma: ni siquiera se percatan de que la hayamos dejado ahí, a su alcance. Como persona creadora tienes que saber que el éxito es fruto de la casualidad. Podía no haber sido. Puede que otros trabajos tuyos lo merecieran más, pero no corrieron esta suerte. Así que, cuando llega un éxito, hay que saber agradecerlo un instante, para después renunciar a él de inmediato. Y, si tienes la suerte de obtener un éxito prolongado, de nuevo te pregunto ¿podrás resistirlo sin distraerte?

Con este panorama, lo mejor que se puede hacer es mantener la mirada fija en lo que se ama. El alma, cuando te incita a continuar pese a todo esto, tiene una meta. El éxito y el fracaso son paisajes que vas dejando atrás en el camino, pero no deberían distraerte. Si sabes a donde quieres llegar, ve hacia allí, independientemente de lo que pase fuera.


Comentarios

  1. Hoy estamos sincronizados. Parece.
    Suscribo todo lo escrito al 110%.
    Y es cierto: lo más peligroso es el éxito. Una persona de carácter siempre se recupera de los fracasos; una personalidad frágil jamás se recupera de un éxito.

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    Respuestas
    1. Sí, en el mundo del teatro se dice que un buen actor superará muchos fracasos, pero un mal actor nunca superará un éxito. Y es así, realmente.
      Me parece muy cruel que justo lo que todos más deseamos sea lo más peligroso para nosotros.

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