Ser creador en estos tiempos

Lo contrario de tener limitaciones es la abundancia de medios. Y esa es la época que nos ha tocado vivir. Hay tanta abundancia que nos abruma en muchas ocasiones, que requiere una actualización de conocimentos constante, hasta el punto de que esta actualización puede llevarnos a dedicarle más tiempo que a la creación en sí. Hay tantas nuevas tareas para los creadores (sobretodo los independientes) que difícilmente se puede llegar hasta el fondo de alguna de ellas.

Supongamos por ejemplo que alguien quiere escribir. Antes se encerraba en casa con su buena pila de folios y una máquina de escribir y se dedicaba a la tarea de sacar a la luz la historia que quería contar. Esto ha cambiado radicalmente, salvo para unos pocos que ya construyeron su nombre hace décadas y que pueden permitirse encerrarse lejos de todo el mundo, porque ya se encargarán sus agentes y editores de mover todo lo demás. El resto de los mortales no sólo ha tenido que aprender a manejar los ordenadores, sino que también tiene que dedicar un tiempo importante a darse a conocer, a moverse en redes sociales, mantener contactos con los lectores potenciales y hacer networking con otros que están en situación similar o incluso en posición mejor para echar una manita en la promoción.
Hoy no es tan importante lo que haces sino cuánto hablas de ello. Conozco varios casos de autores infumables con tiempo y ganas de promocionar que han llegado dónde querían. Conozco casos de grupos de escritores que se apoyan en la promoción unos a otros, incluso sin haber leído lo que están promocionado.
Conozco también solitarios, o gente sin ganas de darse bombo, que se dedican a hacer aquello que quieren hacer... en el más profundo anonimato a pesar de la calidad de su trabajo.

Dicen que estos tiempos son muy buenos para los autores independientes, que ya no es la tiranía de las editoriales la que define las reglas del juego. Sin embargo, la tiranía actual es mucho mayor. Implica no sólo más conocimientos y habilidades, sino también más tiempo. Mucho más tiempo. Hoy, igual que antes, importa menos la calidad de la obra que la forma de hacerla llegar a las masas. Y digo masas, porque siguen siendo los gustos una mayoría las que deciden lo que se vuelve visible y lo que no. Pero escribir (o pintar, o cualquier cosa) al gusto de todos implica renunciar a todo lo que hay de auténtico en uno, hay que diluir el contenido de modo que se vuelva fácil de digerir (las masas prefieren las digestiones ligeras).
Echo de menos los tiempos en los que podía ser ermitaña, en los que me encerraba en casa con una Olivetti barata y me tiraba todo un día escribiendo aquello que nacía con fuerza, sin que ningún pensamiento (tipo "esto lo publicaré aquí o allí, tengo que diseñar una cubierta, en este u otro formato no quedará bien, no sé si las imágenes tendrán suficiente resolución" etc.) me distrajera de ese asunto tan importante que era transcribir sobre papel de la manera más fiel, clara y sencilla posible aquello que había nacido en mi cabeza.
Pero ser creador hoy también es más estimulante que antes: de pronto tenemos la opción de crear libros interactivos, de interactuar con nuestros lectores, de salirnos de nuestros propios límites (en mi caso, el de las palabras) y encontrar ahí, entre los nuevos modos de hacer, la posibilidad de expandirse y crecer, de crear obras que ni nosotros mismos pensamos que somos capaces de crear.

Cambian los tiempos y los modos. Para quienes llevamos un rato en esto, la diferencia es abismal. No sé si es para bien o para mal, depende de dónde pongamos el enfoque. Pero cambian los tiempos y hay que adaptarse. Ya no se sobrevive con sólo una máquina de escribir. Y ya no nos contentamos con sólo escribir, ahora es tan fácil publicar que es casi obligatorio, lo que conlleva las muchas otras tareas que hacer de las que hablaba antes. Y hay que aprender a hacerlas a medida que surjan, hay que aprender a manejar nuevas aplicaciones, hay que informarse constantemente sobre las nuevas opciones y plataformas. Y sobretodo hay que estar siempre presente en la red para no caer en el agujero negro de los timelines que tragan a todo ser viviente que pasa más de dos días sin decir "esta boca es mía". Hay que hacer ruido sin parar.

En todo caso, no debemos olvidar que un escritor escribe y un pintor pinta. Y ahí es donde debe estar el centro de nuestras energías, en ningún otro lugar.

Comentarios

  1. Darse a conocer siempre ha sido difícil. Siempre ha habido que hacer ruido para vivir de la obra, a menos que solo te importe la gloria póstuma o disfrutes tanto de lo que haces que no necesites más.

    Creo que ahora es más fácil hacer ruido. El "ruido" es en sí un acto creativo: ya no dependes de unas pocas editoriales o medios de comunicación de masas, ahora tienes el marketing de guerrilla y los medios digitales descentralizados.

    Es cierto que hay muchas más opciones y eso implica también más riesgo de dispersiones del trabajo central, pero también mucho más espacio para las combinaciones creativas.

    Yo creo que ese "marketing personal" puede aprovecharse como una forma de generar nuevas ideas, de refrescar las propias y de enriquecerse a través del contacto social. Si lo interpretas como un trabajo sucio que alguien tiene que hacer (tú mismo o el editor) no le sacarás provecho y será algo que postergarás y probablemente harás mal.


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    1. En teoría estoy de acuerdo con todo lo que dices. En la práctica me cuesta un poco más encontrar el equilibrio.
      Te pongo un ejemplo actual. Ahora quiero sacar la versión digital, en color e interactiva del libro "Pequeña Nuk". Es un reto que me apetece mucho. De entrada, tengo que aprender a manejar la nueva aplicación para ver qué posibilidades tiene (aprender). Luego elaborar las ilustraciones en color y el material interactivo (crear). La parte de hacer ruido ni me la planteo por el momento. Pero sé que cuando acabe, aún haciéndolo lo mejor que sé, encontraré fallos, porque se aprende mucho entre el momento en que empiezas a crear y el momento en el que das por finalizado el trabajo. Así que querré probarme con un libro nuevo, planteado desde el principio como libro interactivo.
      La cuestión es que en la primera fase del proceso creativo, me quedo abducida por el proyecto y necesito dedicar muchas horas seguidas a ello (flow). Cuando digo "muchas horas" me refiero a al menos 12 horas seguidas en fin de semana y durante la semana hasta que no tengo más remedio que ir al trabajo (a veces comiendo lo poco que no se ha quemado mientras seguía trabajando). No hay tiempo ya para hacer ruido. Ni se debe hacer ruido en estado de flow.

      El caso es que el ruido es un animalito que siempre tiene hambre. Si no le das de comer, muere y tienes que empezar de nuevo. No se puede desaparecer por unos meses, luego hacer ruido y luego volver a desaparecer. Este es el problema. Creo que el ruido es para gente que tiene tiempo de hacerlo. Y es cierto, hoy en día es más fácil que nunca hacer ruido, pero como contrapartida, todo el mundo hace ruido, mucho ruido, por lo que ahora hay que elevar mucho más la voz. Y hay personas a las que no nos gustan las estridencias.

      Así que no es cuestión de trabajo sucio, sino de tener que estar cada día haciendo malabares con el tiempo, para seguir creando, seguir aprendiendo y a la vez alimentar al animalito hambriento. Es difícil encontrar el equilibrio.

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