Creatividad y estados cerebrales

Alguna vez he hablado aquí de las bondades de escribir a primera hora de la mañana e incluso de crear en el momento justo después de levantarse. Para tener excusas y no hacerlo, desconfiamos siempre de este tipo de propuestas, seguro que no es para tanto, qué va a salir de mí a esas horas que no vaya a salir en otras... Etc.
Bien, hay una explicación científica, para los incrédulos. Es bastante compleja, no esperéis que lo explique aquí todo (ni que lo sepa todo, pues no soy neuróloga), pero intentaré hacer un pequeño resumen.

La cuestión es que el proceso creativo pasa por distintas fases, siendo las primeras la de absorción (o preparación) en la que se recopila material e información y la de asociación, en la que se unen conceptos antiguos de manera novedosa.
Por otro lado, cada uno de estos procesos activa zonas diferentes de nuestro cerebro. En el día a día son los lóbulos prefrontales los que tienen el mando, pues son los ecargados de pensar, planificar y emitir juicios de valor. A ese estado, el de pensamiento activo, se le denomina estado Beta.
Aparte del estado Beta, nuestro cerebro también pasa por el estado Alfa (estado de reposo, pensamiento reflexivo), estado Theta (estado adormilado, pensamiento receptivo) y el estado Delta, que es el sueño.
Colin Martindale ha descubierto en sus investigaciones que, a la hora de intentar resolver problemas de forma creativa, las personas habitualmente creativas activaban intuitivamente el estado Alfa, mientras que aquellas con menos hábitos creativos potenciaban su estado Beta.

Pero a mí el que me fascina es el estado Theta, que es el que se tiene al escribir nada más levantarse por la mañana, antes de hacer ninguna otra cosa. Estamos en estado receptivo, con una notable apertura en la que tenemos la capacidad de percibir cosas que normalmente no percibimos. De ahí que se produzcan nuevas maneras de comprender las situaciones, de ahí que los problemas aparezcan desde nuevos ángulos y, como consecuencia, encontremos nuevas soluciones.

Siento haceros esto, con lo bien que se está bajo el edredón en invierno, pero de verdad os voy a insistir en que probéis esta experiencia, aunque sea por una semana (o por tres días). Coged el cuaderno y explicad en él cualquier asunto queráis resolver o ampliar, nada más despertar. Ánimo, no duele.

Degustaciones de creatividad

¿Os apetece una pequeña degustación de creatividad? Invita la casa.

Así es, vuelvo a las andadas: nuevas sesiones de creatividad gratuitas, aunque esta vez cambian los términos (¿para qué hacer dos veces las cosas de la misma manera?).

En esta ocasión ofrezco una sola sesión (a modo de degustación), individual, a cualquiera que esté interesado en probar qué es esto de la creatividad o en estimularla un poco. A lo largo del tiempo habrá muchas de estas sesiones-degustación, cada vez con un/a participante diferente, por lo que imagino que todo el que esté interesado tendrá la suya.

A diferencia del taller anterior, en esta única sesión no se trabajará cada técnica en particular, sino que haremos un refrito de técnicas que sirvan de muestra.

 

Requisitos para participar:

  • No haber realizado el taller de creatividad anterior
  • Disponer de conexión a Internet y una cuenta en skype o google talk (en un momento dado se pueden mirar otras plataformas, pero para mí sería un lío instalar un nuevo programa para cada participante)

 

Para disfrutar de la degustación sólo tenéis que contactar conmigo por correo (arriba hay una pestaña para estos fines). Me ayudaría mucho si en el mail me comentarais algo más de vosotros, pues el trabajo creativo es muy personal y estas pequeñas pistas sobre quienes sois me serán útiles para personalizar la sesión. Prepararé dos menús diferentes, uno de iniciación y otro para avanzados, así que, cuando me escribáis, comentadme cual es vuestra relación con la creatividad. Si no sois muy formales en el mencionado correo, mejor todavía (no es una entrevista de trabajo).

¿Qué haremos en las sesiones? Dedicaremos los primeros minutos a presentarnos y romper el hielo (cuanto antes se rompa, más tiempo queda para lo importante, así que es mejor que pongáis de vuestra parte); después jugaremos con distintos ejercicios con los que crearemos cosas absurdas (o quién sabe si valiosas). La clave es la palabra "jugar": para estimular al hemisferio derecho, nada mejor que usar nuestra faceta más lúdica.

¿Y después de esta sesión? ¿Hay algún compromiso? ¿Dónde está la trampa? No hay trampa, después de la sesión adiós muy buenas. Si alguien estuviera interesado en continuar, me lo tendrá que proponer, porque yo no voy a intentar venderle nada a nadie.

 

Otras cuestiones:

  • Si hay muchas peticiones, tendréis que tener paciencia hasta que llegue el turno a cada uno: no puedo llevar a cabo 100 sesiones en una semana (ni 20, ni 10, ni 5). Pueden pasar días, semanas o meses hasta que llegue el momento. Intentaré hacer estimaciones, siguiendo el orden de llegada, pero, salvo los primeros en apuntarse, tendréis que armaros de paciencia.
  • La duración de cada degustación será de unas dos horas y el horario se acordará de forma individual.
  • Para los muy tímidos o desconfiados, se puede mirar en un momento dado hacerlo con dos participantes en vez de uno.
  • Estas degustaciones seguirán vigentes por unos meses, por lo que si alguien llega tarde, puede apuntarse en cualquier momento.
  • Puede ocurrir que esto se me vaya de las manos y tenga que cerrar la lista antes de lo previsto: a cada persona le voy a dedicar al menos tres horas (dos horas de en directo más el contacto previo y los preparativos), por lo que no sería factible servir más de 40 o 50 degustaciones.

 

Responderé a cualquier otra duda que tengáis en los comentarios. ¿A quién le apetece jugar?

 

El miedo a fracasar

Seamos sinceros, ni es falta de tiempo, ni es falta de disciplina, ni es falta de ideas. Lo que nos impide la mayor parte de las veces abordar nuestros proyectos creativos es el miedo al fracaso. Si tuviéramos garantías de que lo íbamos a lograr con éxito (y que cada cual ponga su propia definición de éxito), encontraríamos el tiempo y la disciplina.

Por suerte, hay antídoto también para esto: acostumbrarse a fracasar. He seguido con interés el experimento realizado en el blog de Homo Minimus (uno de los puntos que más me gustan de éste blog son los continuos experimentos que realiza) que trata ni más ni menos que de aumentar los fracasos. Resulta de lo más estimulante la idea (aquí tenéis algunas ideas para fracasar, en el mismo blog), se trata de salir de nuestro propio molde (autoimpuesto) y arriesgar con cosas diferentes. En cuanto a creatividad, va en la misma línea que algunos ejercicios de los que ya he hablado en este blog, pero con el añadido de aumentar nuestra tolerancia al fracaso. Aquí tenéis las conclusiones de este experimento tan interesante.

 

Seamos sinceros de nuevo: ¿hay mayor fracaso que el no hacer aquello que queremos hacer?