Creatividad y reglas absurdas

Desde siempre me han dado envidia los perros: llegan al parque, ven a otro perro desconocido, se acercan, se huelen y, acto seguido, se ponen a jugar sin reservas. Alguna vez, al cruzarme por la calle con alguna persona interesante he tenido que aguantarme las ganas de acercarme y preguntarle "¿Quién eres?", lamentando no ser un perro.

Los humanos estamos enconsertados por una cantidad tan aberrante de reglas absurdas, que es un milagro que alguna vez se pueda dar la comunicación verdadera. No me acerco porque no conozco a esta persona, no dejo ver todo mi entusiasmo porque a ver si se piensa otra cosa, no me muestro porque me expongo...

Hace unos días, en una calle vacía, me crucé con un hombre que venía cantando una bulería a pleno pulmón. El hombre consideró que era su obligación dejar de cantar durante el tramo en que se cruzaba conmigo (unos cuatro o cinco metros, según su criterio) y después siguió. ¿Qué más daba que estuviera cantando? ¿Qué mal me hacía a mí con esto?

 

Demasiadas normas absurdas. Hace falta un espacio donde todas estas nomas queden abolidas temporalmente, hace falta tomarse días libres de estas normas de tanto en tanto.

 

¿Y qué tiene esto que ver con la creatividad? Bueno ¿acaso puede existir creatividad sin comunicación verdadera? Y ¿no son las reglas estrictas los peores enemigos de la creatividad?