Ignorancia creativa

Dicen que la ignorancia es atrevida y, efectivamente, así es: cuando uno no sabe lo que se hace se atreve con todo. Además desconoce que hay cosas que no se pueden (o no se deben) hacer, así que, desde esa ignorancia y rascándose la cabeza, uno prueba lo que se le ocurre, por caminos enrevesados que los conocedores de la materia jamás tomarían, pues estos últimos conocen las reglas. Algunos de estos atrevimientos acaban en soluciones resultonas, aunque poco o nada ortodoxas...

Percepciones, clichés y creatividad

Nuestro cerebro está diseñado para simplificar toda la cantidad de información que hay a nuestro alrededor y que no podríamos manejar de no ser por esta simplificación. El gran especialista en simplificaciones es el hemisferio izquierdo, que tan bien sabe sintetizar. Muchas veces, para poder sintetizar de manera más eficaz, utiliza clichés, es decir pequeñas unidades de información basadas en nuestros conocimientos previos que harán la realidad comprensible sin necesidad de reevaluar las cosas como si las viéramos por primera vez. Para lograr esto, muchas veces (¿la mayoría?) el cerebro nos engaña, es decir prioriza el concepto de lo que nos quiere transmitir sobre la percepción real de las cosas. Un buen ejemplo de ello es este experimento.
Esto tiene una gran utilidad práctica. En el caso del experimento anterior, por ejemplo, si nuestro cerebro no simplificara y redujera todas las percepciones a un concepto, perderíamos muchísimo tiempo cada vez que viéramos un tablero de ajedrez, con sus diferentes luces y sombras posibles, intentando averiguar en cada ocasión de qué objeto se trata.
Pero la simplificación que hace el hemisferio izquierdo también tiene su lado negativo ya que, a base de simplificar (personalmente lo llamo "engañar") perdemos muchísima información que podríamos usar para innovar (innovar requiere ver la cosas con ojos nuevos cada vez).

Sí, Homo Mínimus, la creatividad es una acción que requiere práctica, aunque también es una cualidad nata que vamos perdiendo a base de simplificar y sustituír la percepción real por clichés mentales. De probarlo en bebés, cuando todo es nuevo, cuando no hay clichés, estoy convencida de que el experimento del tablero no funcionaría. Pero a medida que crecemos y acumulamos experiencias (y lecciones) nuestro cerebro se llena de conceptos y clichés, de rutinas y protocolos que hacen cada vez más complicado acceder a la información que quede fuera de esos clichés. De ahí que haya que entrenar estas capacidades: la simplificación recibe entrenamiento diario continuo y hay que entrenar las otras capacidades también, de lo contrario sería como hacer pesas con un sólo brazo, dejando atrofiarse al otro.

Salirse del camino

Ser creativos supone, para gran disgusto nuestro, salirse del camino. Lo inventado es el camino ya hecho por otros. Si uno no está dispuesto a salirse del camino, no vale la pena que intente innovar: no hay nada nuevo en los caminos viejos.

Lo peor es que hay que salirse de más de un camino: en las formas de hacer, en las de vivir y hasta hay que salirse del propio camino y mandar a paseo las ideas que se han configurado a lo largo de toda una vida. Y todavía peor es cuando uno se sale del camino por el lugar equivocado, las cosas salen mal y vienen los "te lo dije" de aquellos que van por la vida en modo GPS y saben que si Caperucita no hace caso, será víctima del lobo.
Aún así, sólo cabe salirse del camino si uno quiere encontrar algo diferente. El "no se puede cambiar esto" no lleva a nada nuevo, como es obvio. Tampoco hay ninguna garantía de que yendo campo a través vayamos a encontrar nada diferente, pero desde luego, por el camino marcado, todo lo que encontremos será lo que ya han encontrado los primeros que recorrieron esa ruta (y todos los que le siguieron hasta convertirlo en un camino).
Todo puede cambiarse. Estemos donde estemos, por poderosas que sean las imposiciones o las reglas o quienes las dictan, todo puede cambiarse. La cuestión no es si se puede, la cuestión es si estamos dispuestos a pagar el precio, porque lo hay, tanto si fallamos como si acertamos. La actitud vital creativa es estar dispuesto a pagar este precio.

La delicadeza

Muchos artistas buscan el impacto con sus obras. Ya hay mucho hecho y llamar la atención sobre el propio trabajo es realmente difícil a estas alturas de la historia. Así pues ¿qué nos queda? El impacto, una llamada de atención perecedera que ocupe algunas portadas, muchas polémicas y ya está. Escandalizar y provocar. Incluso violentar.

En mi opinión, esto no es arte. El arte, tal como yo lo concibo, es todo delicadeza. Es la capacidad de desnudar la verdad sin apenas rozar su piel, dejándola ahí expuesta sin que nadie se sienta violento, ni siquiera la propia verdad.

La delicadeza es una aspiración enorme, pero vale la pena el esfuerzo de encontrarla cada vez, en cada nueva creación. Sin duda, esa delicadeza causará más impacto en las almas de quienes vean la obra que cualquier otro invento destinado a crear polémica.