El tamaño (de un fracaso) sí importa

Ya he hablado en este blog del fracaso en varias ocasiones. Qué remedio, es un compañero fiel de cualquier persona creativa y hasta de las personas no creativas, el único modo de librarse de los fracasos (y tampoco estoy segura de que sea así) es siendo un vegetal. La vida es así, a veces conseguimos las cosas y a veces no, a veces el Universo coopera para que cumplamos nuestros sueños y otras veces conspira para lo contrario. ¿Como gestionar entonces un fracaso que, como decía en el artículo anterior, duele en el alma?

En primer lugar, es necesario aceptar que el fracaso es nuestro compañero para toda la vida. Cada vez que emprendamos un proyecto tenemos que contar con la posibilidad de que éste fracase. Es así, nunca hay garantías. Con una simple mirada hacia atrás, podemos ver que hay muchos más proyectos que han acabado en nada de los que hemos podido llevar a buen fin.
El problema es que la creatividad se aloja muy cerquita de donde se alojan nuestras emociones (sobretodo la creatividad artística) así que estos fracasos van minando nuestra moral y la mayoría de artistas en ciernes se rinden tras el primer intento. Malas noticias, el primer intento suele ser un gran fracaso, en esto de la creatividad no existe la suerte del principiante.

¿Qué soluciones tenemos entonces?
Por un lado, tal cómo nos enseña este genial artículo de Homo Mínimus, hay que aumentar la tolerancia al fracaso.
Por otro lado, hay que escoger los fracasos con sabiduría. El tamaño de los fracasos sí importa.

Supongamos que quieres ser escritor/a. Dedicas un año (o más) a una novela y, cuando por fin la tienes escrita, resulta ser una basura. O ni siquiera acabas de escribirla jamás porque te atascas en un punto del que no puedes pasar. Tu primera novela ha fracasado, tras tantísimo tiempo, trabajo e ilusión invertidos. Lo más probable es que desistas, que no quieras volver a intentarlo y decidas que la escritura no es lo tuyo. Pero ¿y si hubieras empezado con un cuento? Un cuento es algo pequeño y manejable que se puede desechar con facilidad. Al día siguiente (si has trabajado tu tolerancia al fracaso y lo has aceptado como una posibilidad real) te pones a escribir otro nuevo. Y otro día más y otro.
Con este método, no sólo que puedes convertirte en escritor/a, sino que en el caso de que no lo consigas, tendrás valor para probar otras opciones como la pintura, o la danza, o el salto en paracaídas si te apetece. Un fracaso tiene que ser asumible para que no resulte letal. La lucha tiene que ser justa y equitativa, hay que tener posibilidades de ganar. Los retos tienen que ser de tu tamaño.

Y tú ¿te enfrentas a retos de tu tamaño?




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