La práctica de la desobedencia

Si no sabes por dónde empezar a ser más creativo/a, aquí tienes una sencilla fórmula que sirve muy bien para iniciarse y que deberás mantener a lo largo de toda tu vida creativa: una dosis de desobediencia diaria. 


Obedecer es dejar de crear tus propios actos (con sus consecuencias) para reproducir irreflexivamente los actos que otras personas te marcan. Y una obediencia sobre otra, al cabo de un tiempo te acostumbras a dejar de crear tu propia vida, para interpretar el guión escrito. Del mismo modo ocurre con tu trabajo, acabas dejando de crear tu propia obra, para ajustarte a las reglas y tendencias en vigor.


Desobedecer, en cambio, te obligará a examinar otras alternativas posibles, evaluar sus riesgos y tomar la decisión consciente de actuar de otro modo. Además, te enfrenta al miedo de hacer las cosas de manera diferente, a la desaprobación que la desobediencia puede suscitar (gran alimento de la obediencia) y a que algo salga mal.

Para practicar la desobediencia, propongo hacer para empezar pequeños actos de rebeldía, a ver qué pasa. Actos tan pequeños que no supongan ningún riesgo real en un principio (aunque con el tiempo hay que ir aumentando su dimensión y el riesgo) y que, desde luego, no supongan un perjuicio para otros:
-fregar los platos dejando uno de ellos sucio, a propósito
-ir al trabajo andando y subirse al autobús sólo en la penúltima parada
-no responder a ninguna llamada si no insisten durante 7 tonos (o X segundos)
-decir lo que se piensa al menos una vez cada día, frente a alguien que tiene poder sobre ti

Planifica cuidadosamente tus desobediencias diarias, deléitate creándolas, saboréalas con antelación.  Para obtener ideas sobre asuntos en los que desobedecer, observa tu monologo interior y, cuando te descubras refunfuñando sobre alguna cosa, ahí tienes un asunto sobre el que practicar la desobediencia; anótalo y planifica cómo te vas a rebelar.
Después, cuando ya sea un/a desobediente habitual, podrás pasar al siguiente nivel: escribe el peor cuento que seas capaz, mezcla los colores violando cualquier regla de la teoría del color, diseña un edificio horrible y enclenque, inventa un eslogan de mal gusto o diseña el bolso más vomitivo que seas capaz de imaginar.

 Y luego trabaja en tu propia obra, esa que sólo tú puedes crear.


4 comentarios:

  1. Muy interesante. Creo que voy a empezar a vulnerar alguna de mis reglas, yo soy mi principal dictador. Pero lo dejo para la próxima semana...
    Es una excelente misión. ¿Te la podría pedir prestada para el futuro?

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    1. Además eres tu dictador espartano, que es mucho más grave ;)
      Claro, usala cuando quieras!

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  2. Hay tantas reglas no escritas, que solo te das cuenta de ellas cuando empiezas a desobedecer a pequeñas dosis. Seguiremos practicando. Un abrazo Anca

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    1. Es cierto, lo tenemos todo tan interiorizado, que ni nos damos cuenta de que estamos obedeciendo.
      Un beso.

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