Cómo funcionan las técnicas basadas en la aleatoriedad

Nuestro cerebro recibe continuamente información fragmentada que proviene desde los distintos sentidos de los que disponemos. La clave aquí es comprender que esta información es fragmentada incluso en aquellos asuntos que son esenciales en nuestras vidas: nadie está siempre en todas partes, por lo que nadie dispone de toda la información sobre ningún asunto. Por ejemplo, con nuestros seres queridos, disponemos de fragmentos de información muy limitada en lo que respecta sus vidas, apenas unos pocos ratos que pasamos juntos y alguna cosa que ellos mismos nos cuentan, no obstante afirmamos saber mucho sobre ellos y sobre su día a día. Esto se debe a que nuestro cerebro ha recogido toda esa información fragmentada y la ha ordenado de manera que todos esos fragmentos compongan una historia coherente. Además de ordenar la información, nuestro cerebro ha rellenado los huecos faltantes con suposiciones que resultan coherentes para que el conjunto tenga una lógica. 

Este mismo mecanismo es uno de los grandes aliados de la creatividad y las técnicas de generación de ideas, sobre todo aquellas basadas en la aleatoriedad. Si proporcionamos a nuestro cerebros elementos dispares con la premisa de que se unan entre sí, éste tenderá a rellenar los huecos faltantes en el camino entre un elemento y otro, utilizando para ello asociaciones de ideas, recuerdos, pensamientos inconscientes, etc. 

Pongamos por ejemplo que queremos inventar un nuevo utensilio de cocina. Si usamos las palabras aleatorias y escogemos una al azar, por ejemplo gafas, el cerebro buscará cómo rellenar el largo camino que hay entre la cocina y unas gafas que, aparentemente, no tienen nada que ver. Tal vez el cerebro eche mano de un recuerdo (del día en que a la abuela se le cayeron las gafas en la cacerola de la sopa; ahí inventaríamos un artilugio que impida que se caigan gafas y otros objetos en la sopa), tal vez de un problema existente (nadie es capaz de leer las etiquetas de ingredientes de algunos alimentos ni aún con gafas; en este caso inventaríamos un artilugio donde poder meter el envase y que la lista de ingredientes se vea agrandada), o de las percepciones (como las formas, las gafas tienen dos cristales de idéntico tamaño uno al lado de otro; con eso inventaríamos unas cacerolas gemelas en las que se pueda cocinar al mismo tiempo la pasta y la salsa). 

Todas estas ideas se me están ocurriendo mientras estoy escribiendo el artículo con palabras al azar, sin más intención que poner ejemplos de las distintas maneras en las que funciona el proceso creativo basado en la aleatoriedad. Cuando este trabajo es más deliberado y con un propósito productivo, cuando se le asigna un tiempo y una intención, las ideas son mucho más variadas y originales. 

Las palabras aleatorias no son la única técnica basada en la aleatoriedad, pero sí creo que es la más eficaz, porque como he comentado en otros artículos, además de esta aleatoriedad tienen un gran poder de evocación en nuestra mente, aportando recuerdos e ideas de nuestro subconciente para ser usadas en la idea.

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