Nada que aprender

Hace unos meses contesté a una encuesta sobre cuestiones escritura en el blog de Hiperaprendizaje, que escriben Homo Mínimus e Ivan Entusiasmado (un blog que te recomiendo leer porque es una propuesta interesante, con un espíritu muy experimental en su planteamiento; mención especial a su proyecto de aprendizaje de la escritura). Una de las preguntas era cómo enseñaría yo a alguien a escribir en tiempo récord y, en resumen, contesté que le haría escribir emails paralelamente al trabajo de escritura formal. Esto se debe a que, en mi opinión, el o la aprendiz no necesitaría aprender nada, sino comprender muchas cosas que sólo comprendería al escribir con la relajación de quien no pretende nada. En escritura (y la mayoría de cosas importantes) nadie aprende nada, sino que comprende cosas que ya están ahí.


Hace poco me ha pasado algo similar. Si llevas un tiempo por aquí sabrás que mi caballo de batalla actualmente es la ilustración, es lo que me he propuesto aprender bien y de hecho uno de mis dos objetivos de este año. Incluso me planteé seriamente hacer el módulo de FP de ilustración y me había dado de plazo hasta el pasado mes de febrero para decidir si me preparaba para las pruebas específicas de acceso. Finalmente mi decisión (muy meditada) fue que no: iba a tirarme dos años, muchas horas, sin dedicarme prácticamente a nada más, cuando yo lo que buscaba era una respuesta a algo muy concreto. No buscaba técnica (esta la puedo adquirir sola, practicando y probando cosas nuevas), sino comprender qué es la ilustración, qué la distingue del dibujo a secas, cómo se ilustra sin repetir lo que ya dice el texto. Yo sabía que en ese módulo encontraría la respuesta, perdida por entre miles de otras cosas cuestiones que no necesariamente me interesaban, pero finalmente aposté por encontrar la respuesta yo sola. Me di de plazo hasta diciembre de este año para lograrlo, es decir, para aprender a ilustrar. Y pensaba dedicarle determinado número de horas diarias o semanales, para así "aprender".

Andaba equivocada, no se trataba de aprender, de nuevo se trataba de comprender. La respuesta siempre estuvo ahí y la he comprendido en un día concreto a raíz de unos hechos concretos. No fue un proceso, sino una revelación. Cosas que yo había escuchado o leído muchas veces, de repente tuvieron un significado claro que resonaba en mi interior y que me abrió el acceso a zonas de mi cerebro a las que no había accedido antes (y que no pienso volver a abandonar). En un chasquido de dedos he pasado de ser una persona a la que le hubiera gustado librarse de la necesidad de ilustrar los cuentos (sufría por no lograr lo que yo quería) a estar enamorada de esta actividad y no querer delegarla en nadie. 
No recuerdo exactamente la fecha en que aprendí a (comprendí cómo) dibujar, pero también recuerdo que fue un día concreto a raíz de un ejercicio concreto. Una vez comprendido el dibujo he necesitado seguir practicado para adquirir técnica, para que el movimiento repetido reforzara la cubierta de mielina que cubre las neuronas y hace más fácil la tarea cada vez, pero en realidad a nivel manual no hay mucha diferencia entre el día antes de aprender a dibujar hasta ahora (aunque los resultados digan otra cosa). Desde entonces ha habido mucho trabajo, con muchos dibujos que han traído muchas micro-comprensiones, pero no puedo decir que yo haya aprendido nada que no estuviera ya en mis capacidades, sólo puedo decir que con la práctica he comprendido muchas cosas y sigo comprendiendo día a día en cada experimento y en cada dibujo.

Superados los primeros años de vida, las personas apenas aprendemos nada. Sólo comprendemos aquello que ya está ahí. Esto pasa a todos los niveles, incluso a nivel vital: no aprendemos de nuestros errores y experiencias, sólo comprendemos sus consecuencias. 
Todo lo que necesitas para llevar a cabo tu creación está ahí, no necesitas aprender nada. Dedícate a comprender cómo funciona aquello que haces, porque los conocimientos ya están ahí. Si no están en tu cabeza (datos, por ejemplo) están en los libros, búscalos, pero no es necesario que los memorices, sino compréndelos desde tu interior, relaciónalos con algo que ya hayas comprendido en algún momento de tu vida y busca el paralelismo, para así comprender antes. Practica mucho, ahí se dan las micro-comprensiones, pero al mismo tiempo identifica cuál es la gran pregunta que daría lugar a la revelación y busca sin cesar la respuesta, a esa pregunta clave. Si sabes la respuesta (porque la hayas leído o te la hayan dado los maestros de lo que sea que quieres aprender) busca comprenderla, sentirla, que resuene en ti como algo personal: no te quedes con la respuesta de otros porque no te sirve, tienes traducirla a tu idioma interior.


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