¿Es buena idea la autopublicación?

Un sueño compartido por todos los escritores que empiezan sus andaduras en este campo es encontrar una editorial con la que publicar sus libros, tarea nada fácil, por cierto. También tuve yo este deseo, pero tras un periodo de publicar con editorial y conocer este mundo desde dos editoriales diferentes, en los últimos meses he optado por volver a la autopublicación de mis libros y difícilmente voy a volver a trabajar con editoriales tal como se presentan las cosas hoy en día. Para volver a ello habría que firmar un contrato en condiciones muy dignas, cosa que no creo que suceda. Tal es así, que casi todos los títulos publicados con editorial en los últimos años han vuelto a mis manos en las últimas semanas.


El mundo ha cambiado. Cambia constantemente, pero en los últimos años ha cambiado de manera espectacular. Recuerdo tiempos en los que me sentía feliz porque una revista local publicara mis cuentos, aunque fuera gratis, porque esta era la única posibilidad de sacarlos del cajón donde estaban destinados a amarillear sin ser leídos por nadie. En aquellos tiempos costaba menos tiempo y esfuerzo escribir una obra que encontrar editorial en la que publicarla. Esto ya no es así. Ahora cualquier texto se puede difundir en muy pocos minutos y ya no hay personas importantes que decidan lo que se puede publicar y lo que no. Ahora las personas importantes son los lectores, no los editores.
Claro que antes el trabajo editorial era muy diferente al que se suele dar hoy en día. Se publicaban menos libros y esto significaba que el trabajo era mucho más minucioso, un trabajo detallado y personal en cada una de las publicaciones. Un escritor solo tenía que enviar un manuscrito y la editorial se encargaba del diseño, de buscar ilustrador si era necesario, de promocionar la obra y hacerla disponible a la mayor cantidad de personas posible... Había oficio detrás de este trabajo. Quedan muy pocas editoriales que conserven este modo de hacer con oficio entre sus valores empresariales.

Hoy en día se publican una enorme cantidad de libros, pero de poca tirada. Estos libros están apenas unas semanas en la mesa de novedades para después perderse en las estanterías donde tal vez haya suerte... o tal vez no. Una editorial que quiera estar en la mesa de novedades tiene que seguir este ritmo, por lo que ya no hay tiempo para cuidar la edición. Entonces se pone en marcha una máquina, parecida a la de hacer churros, con la que se sacan nuevos títulos cada vez que se puede. Y como buenamente se puede.
En mi trayectoria por la publicación con editorial he echado en falta enormemente la figura de un corrector, la de un diseñador y maquetador, ilustrador... No he conocido nada de esto. Las obras se han vendido tal cual las he presentado yo (incluso peor), salvo en una ocasión en la que se ha aportado interactividad a mis diseños y unos leves cambios en la cubierta. Tampoco he conocido la promoción, toda la difusión la he tenido que hacer yo sola. Y así, con estos elementos faltantes (y ediciones muy descuidadas, con fallos garrafales que nada tienen que ver con lo que yo envié) al ver que yo lo hago todo sola y hasta lo hago mejor, fue como me pregunté por primera vez: ¿para qué quiero publicar con una editorial? En una editorial con la que gané un premio hace años, no solo que todavía no he cobrado el premio, sino que el libro tampoco se ha llegado a publicar, eso sí, quedando yo comprometida a no poder publicarlo por mi cuenta en varios años. ¿Para qué quiero yo una editorial y los premios?

El mundo ha cambiado, decía antes. Es triste que los editores todavía no se hayan enterado de esto y que intenten imponer condiciones leoninas a sus autores, que sigan con aires de dueños del mercado del libro cuando esto ya no es así hace tiempo. Hoy en día, deberían saberlo, un autor sin editorial es un autor independiente, pero una editorial sin autores simplemente no puede existir. Para que puedan existir, las editoriales deberían aportar valor al trabajo del autor, de lo contrario pierden todo su sentido y se convierten en intermediarios innecesarios.
Hay muchas malas prácticas en el mundo editorial con respecto a los autores, internet está lleno de relatos sobre ellas. Más arriba has leído algunas de las que he conocido en persona, pero hay mucho más (hasta el punto de cambiar contenido y hasta el título de mis libros sin mi conocimiento ni consentimiento), sería terrible exponerlas todas aquí y este artículo se convertiría en una hilera de lamentos rabiosos. No es lo que pretendo. Solo pretendo dar mi punto de vista respecto a este nuevo paradigma para que, si quieres escribir, tengas claras cuáles son tus opciones.

En todo caso si te planteas la posibilidad de publicar con una editorial, ten en cuenta las siguientes cuestiones y evalúa lo que más te conviene:

* Al publicar con una editorial pierdes el control sobre tu libro, sobre su distribución y hasta sobre su precio. Ten en cuenta que una editorial infla mucho el precio porque se tiene que llevar su parte. En mi caso, los libros han salido a la venta por un precio seis veces superior al que pongo yo (afortunadamente, al recuperar mis títulos, estos vuelven a estar a un precio que yo considero más adecuado).
* Con el precio inflado, las ventas también bajarán. Yo estoy vendiendo muchos más libros por cuenta propia que los publicados con editorial, según los informes recibidos hasta ahora.
* Con una editorial no hay modo humano de saber cuántos ejemplares se han vendido en realidad, te tienes que fiar de lo que te digan.
* Las editoriales tradicionales suelen tener libros "estrella", de personajes que puedan tener tirón mediático, no necesariamente ligado a su calidad (véase libros de tertulianos varios) y el resto de autores/libros están de relleno, porque necesitan muchos títulos para parecer una editorial importante y activa. Estos últimos no obtienen promoción ni absolutamente nada de lo que es de esperar que aporte una editorial.
* Una práctica increíble pero cierta es que hay editoriales que adquieren los derechos de un título sólo para que éste no pueda hacerle competencia desde otra editorial o desde la autopublicación. Cuando es este el caso, los libros en cuestión estarán bastante escondidos y se van a hacer las cosas de tal manera que no se venda demasiado y no haga sombra a sus libros "estrella". Si te toca estar de relleno, ya te puedes olvidar del fruto de tu trabajo.
* Otra gran desventaja es que se pierde el control sobre las ventas. Como autor te enteras de como van las cosas una vez o como mucho dos veces al año, mientras que autopublicando tienes información en tiempo real (lo mismo pasa con los ingresos de tus ventas: dos veces al año con editorial, mes a mes autopublicando). 
* Optes por la fórmula que optes, el trabajo lo vas a hacer tú. Todo el trabajo. En el mejor de los casos, la editorial te puede promocionar las primeras semanas, pero después caerás en el olvido, porque la máquina de hacer libros no para de traer nuevos títulos. Si quieres repartir beneficios, adelante, pero que sepas que es innecesario, es un regalo que haces filantrópicamente.

Si de todos modos quieres publicar con una editorial, al menos asegúrate de cobrar un anticipo importante (sin éste, no habrá promoción de tu obra) y de pedir los certificados de impresión para saber cuántos ejemplares se han impreso (en este tema también ocurren cosas muy sospechosas). Cuídate mucho de los contratos en exclusiva o por largos períodos de tiempo, delimita el tiempo y el territorio o el formato en el que la editorial tiene derecho a publicar tus obras. De este modo, si la editorial no funciona bien, siempre tienes la opción de publicar tus obras en formato digital o en otros países sin esperar a que acabe el contrato).

Si, en cambio, decides autopublicar (y si no también), asume que tienes que cubrir el trabajo de varios profesionales (aprende, aprende) o contrata a los que sean necesarios. Los lectores quieren obras de calidad y no van a ser más indulgentes porque te estés autopublicando. Corrige y aprende a maquetar. Mejora cada día, reedita y actualiza tus libros conforme vayas adquiriendo conocimientos.


En mi caso, me decanto claramente por la autopublicación de ahora en adelante y prueba de ello es este artículo, a cara descubierta, que sin duda no gustará al sector editorial. El mundo ha cambiado y, como decía antes, si las editoriales tradicionales quieren formar parte de lo que viene, tendrán que aportar valor al autor. Lo que no es digno (ni justo) es apropiarse del trabajo de los autores y cobrar incluso más que éstos por el simple hecho de poner su logotipo en la portada del libro. 



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