Rituales creativos

En los últimos meses me he acostumbrado a prepararme una taza de té que me acompañe en los inicios de la sesión de trabajo y hasta he designado una taza concreta para ello. Cada día, en el momento en el que decido que empiezo a trabajar ya, sin más demoras, lo primero que hago es preparar el "té inspiracional", que es como yo lo llamo. Y como se trata de empezar el trabajo con el té ardiendo, ya no es posible aplazar el momento de sentarse a la mesa, ni atender otros asuntos antes. La verdad es que el sistema funciona muy bien, hasta el punto de que ahora, si me preparo un té por el simple gusto de tomarlo, sin duda voy a acabar de beber la taza con las manos ocupadas en teclear o dibujar.


Muchos creadores tienen rituales para antes de ponerse a trabajar, algunos son sencillos y otros realmente extravagantes. Estos rituales llegan a estar tan arraigados que, de no cumplirse, la persona no es capaz de empezar a crear, sufriendo algo similar a un bloqueo.
Algo parecido me ha pasado hoy. Hacía demasiada calor como para tomar un té ardiendo, así que he decidido saltarme el paso. Como consecuencia, he dedicado toda la mañana a otros asuntos, pequeñas tareas pendientes que aplazaba para después de trabajar (y que acababa por no atender por acabar demasiado cansada y demasiado tarde). Bien invertido está el tiempo, pero lo que me preocupa es que me haya costado tanto empezar a trabajar. 

¿Cómo y por qué funcionan los rituales? Se trata ni más ni menos que de una asociación que se produce en la mente, cuando unas acciones se repiten en el mismo orden y siempre van ligadas unas a otras. En el caso del té, los factores eran la preparación del té y la taza, que era siempre la misma, seguido por el sentarse a trabajar mientras el té todavía estaba ardiendo. Si tomara té en otra taza u otro lugar, o si no lo preparara yo, no surtiría ningún efecto sobre mi inspiración, es la cadena exacta la que funciona como detonante. 

Y funciona sin duda. En este trabajo tan solitario, cuando no hay obligación hacia nadie de empezar a determinada hora, cuando trabajas en el mismo lugar en el que vives, con la inmensidad de la tarea que tienes por delante y el desgaste de energía que supone el trabajo creativo, lo difícil es sentarse a trabajar, decidir el minuto exacto en el que ya empiezas y no lo demoras más, tanto si hay una idea clara sobre lo que vas a hacer como si no. El esfuerzo a veces es descomunal. Pero cuando se tiene un ritual, una ya no tiene que reunir fuerzas para empezar la tarea titánica, sólo hay que poner agua a calentar (o afilar un lápiz, o cualquier cosa pequeña que forme parte de tu ritual). No hay grandes expectativas sobre el agua hirviendo sobre el fuego, ni sobre verter el líquido en la taza, es algo fácil de hacer. Y cuando el ritual se ha repetido las suficientes veces, estos movimientos se encadenen con los siguientes. El olor del té (o lo que uses como detonante) y todas las demás percepciones sensoriales asociadas al ritual, llevan la mente al siguiente paso que se ha marcado en la cadena. Y ya no es difícil empezar.

Por lo tanto, los rituales son un buen método para evitar esa resistencia a sentarse a trabajar. Sin duda son de lo más recomendable en los casos en los que la falta de disciplina puede ser un problema. Si no tienes ninguno, créalo. Elige una cadena de movimientos que te ayuden a relajarte (en mi caso, un té rojo con limón es símbolo de bienestar) y repítelo por varias semanas, conservando el orden de la secuencia sin variaciones. En poco tiempo tendrás tu ritual confeccionado.

La otra cara de los rituales se da cuando se hacen indispensables y la creatividad natural no surge sin haber realizado la cadena de acciones previas. Para que ocurra esto se necesita practicar el mismo ritual durante bastante tiempo. Yo prefiero no depender de rituales, es mejor usarlos como detonantes, pero sin llegar a la dependencia, puesto que habrá veces en los que no puedas realizarlos y es una tontería condicionarse tanto de forma voluntaria. Cuando el ritual empieza a ser imprescindible (en vez de ocupar su rol secundario como detonante) es hora de cambiar de ritual. Es mi caso ahora, es el momento de inventar el nuevo ritual de verano. 


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3 comentarios:

  1. Qué buena idea Anca! Habrá que preparar té helado o algo parecido...mi resistencia esvque necesito silencio para escribir. Tengo que cambiar esto porque me resulta complicadisimo crear esta condición sin que sea demasiado tarde (a las 11 de la noche yano soy persona), así que si se te ocurre alguna idea soy toda oidos ;). Mil besos

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    1. Pues creo que es cuestión de concentración. No tengo todas las respuestas (ojalá) pero yo probaría a escribir pequeños fragmentos sin ese silencio absoluto. Me pondría a escribir en mitad día (o en un bar) sabiendo de antemano lo que voy a escribir, par eliminar la necesidad de concentración inicial. Y cada día un poco más, hasta conseguir la concentración aunque el vecino se ponga a taladrar la pared.
      Ya me contarás si te sirve.

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  2. Muchas gracias Anca. Te lo contare seguro porque necesito cambiar esa resistencia para poder escribir y estoy decidida a hacerlo.
    Un abrazo

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