Cómo alcanzar la excelencia en un solo paso

Todos lo hacemos, tras un trabajo intenso en alguna de nuestras creaciones, llegados al final o a donde pensábamos que estaría el final, agotados, damos por terminado el trabajo y pasamos a otra cosa o descansamos por unos días. El resultado, si has trabajado mucho y bien, es decente y valioso, seguramente muchos lo apreciarán. Pero también es posible que pase desapercibido o se olvide pronto, porque no has alcanzado la excelencia, no has superado lo que hacen muchos otros creadores que son igual de buenos que tú. Tienes que saber que si tu trabajo ya es muy bueno, lo que te separa de la excelencia es un solo paso.


¿Qué es lo que separa un buen trabajo de un trabajo excelente? La respuesta es simple: el trabajo pequeño. Cuando abordas una creación que te lleve varias semanas o meses elaborar tienes ante ti una montaña de trabajo: recorrer el camino desde la idea abstracta hasta su concreción en algo inteligible, dotarla de una estructura que se sostenga, aplicarle la técnica y el oficio de su ámbito... Día a día, granito a granito, la vas componiendo y reajustando hasta que un día llegas al final y todas las ideas que querías plasmar están ahí. En este punto ya has terminado el trabajo grande, podría decirse que la obra está terminada. Efectivamente, lo está. Pero para que sea una obra que atrape, falta hacer todo el trabajo pequeño.

Por ejemplo, cuando escribo un libro... Bueno, en este aspecto tengo que decir que ha variado mi concepción de lo que es el "trabajo grande". Antes éste se limitaba a un buen texto. Después se amplió incluyendo también el diseño de la cubierta. Luego comprendí la importancia de una maquetación atractiva, que haga que el libro entre por los ojos (y ahora estoy remaquetando todos los libros, confieso que estoy hasta las narices de maquetar). Y subiendo así el listón cada vez más, consigo libros de los que estoy satisfecha. Pero todavía me veo tentada a dejar de lado el trabajo pequeño y acabar para poder pasar a otra cosa.
El trabajo pequeño puede ser algo tan simple como diseñar un botón para que tú no tengas que pinchar en una palabra del texto para ir a un enlace, sino que tengas algo más visible y te haga más patente la sensación de estar interactuando con el texto, o que deje descansar tu mirada entre tantas palabras apelotonadas en la pantalla. Tú nunca vas a saber cuánto tiempo he dedicado a diseñar ese botón y posiblemente no serás consciente de este trabajo pequeño. El precio de la obra no subirá ni bajará en función de haber puesto ese botón ahí. Pero tú disfrutarás más del libro y eso es lo que importa. 

Dentro de mi proceso de trabajo se ha instaurado una nueva costumbre: mientras hago el "trabajo grande", anoto en una lista todas las ideas que se me pasan por la cabeza respecto a los detalles que podría añadir (importante: no hay que hacer el "trabajo pequeño" al mismo tiempo que el grande, cada cosa tiene su momento) y, una vez acabado, voy a esa lista y los abordo uno por uno. 

Las pequeñeces, los detalles en los que nadie va a reparar de modo consciente son lo que separa un buen trabajo de un trabajo excelente. Ten amor a tus creaciones, no tengas prisa por descansar o pasar a otra cosa, tan solo es un poco más de esfuerzo, pero éste marcará la diferencia. Cuando me descubro a mí misma diciendo "bueno, esto ya está suficientemente bien" sé que ahí queda trabajo pequeño por hacer. "Suficiente" nunca es "excelente" y, desde luego, no es lo máximo que puedo dar en este momento, con mis conocimientos actuales. 

Cuando algo te parezca que ya está presentable, por alto que sea tu nivel de exigencia, es mejor darle una vuelta más y buscar el trabajo pequeño que estás evitando. Si quieres llegar a la excelencia, una vez terminada la obra, pregúntate: ¿cómo podría añadirle una estrella más a este trabajo? No dejes de preguntártelo hasta que ya no se te ocurran más mejoras.


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