Máquinas creativas

Al principio, con mi primer ordenador, la relación no funcionaba bien siempre. La mayoría del tiempo sí, pero había ocasiones en las que quería realizar una tarea y daba las órdenes lógicas, pero no había modo de conseguir que el trasto hiciera lo que le pedía: me daba siempre el mismo error, en un mensaje perfectamente educado. Tras repetir mi petición varias veces sin variar el resultado, yo juraba y perjuraba, le amenazaba con dejarle en manos de informáticos que le destriparían vivo... pero ni modo, el ordenador me daba la misma respuesta una y otra vez, impasible ante mis aspavientos. Finalmente, como le necesitaba, tuve que esforzarme en entenderle: en qué orden necesitaba el señorito que se le dieran las indicaciones para así hacer lo que se suponía que debía hacer. Ahora ya no discuto con los ordenadores, sé que nunca van a claudicar y más vale que haga las cosas a su manera o simplemente no se harán. Me pasa también con algunas personas (de la administración, por ejemplo), que vienen programadas con rutinas inflexibles y no hay modo de sacarlas de ahí. Esas personas son las primeras candidatas para ser sustituidas por máquinas en muy pocos años.


¿A qué viene todo esto? Viene de una conversación en twitter sobre si los creadores podrán ser sustituidos por máquinas o no. Yo pienso que no. Al menos no los buenos creadores. Los mediocres, aquellos que arrasan entre las masas, puede que sí, las creaciones de éstos se basan en ciertas fórmulas que venden. Veo muy probable que dentro de 10 años los libros más vendidos hayan sido escritos por máquinas, sagas de varios tomos estudiados hasta el milímetro para mantener la atención del lector y crearle la necesidad imperiosa de comprar el siguiente tomo. Si lo pienso en serio, supongo que es para asustarse, no solo por el hecho de que es muy peligroso que las ideas puedan difundirse a través de máquinas, de forma masiva, haciendo uso de la neurociencia, sino también porque quienes escribimos como seres de carne y hueso ya no tendremos un hueco en el mercado con esa necesidad imperiosa de leerse los libros prefabricados y perfectos. Bueno, esto último no tiene demasiada importancia en realidad, no se puede vivir de escribir ficción y el que es escritor, escribirá de todos modos; tal vez encuentre algún lector despistado o amante de lo artesanal que pueda dar sentido a su esfuerzo (no cuentes con familiares y amigos, ellos nunca leen al escritor de casa).

Sin embargo, a nivel artístico, la pérdida será inmensa. Cuando un humano crea, no crea solo una historia, sino que crea y recrea su experiencia humana. Presta a la historia vivencias personales, le presta sus emociones que a veces resultan sorprendentes. Una buena historia (una buena obra de cualquier tipo) tiene sinceridad. Y está repleta de las ideas que circulan por nuestra mente a nivel subconsciente. Más de una vez me ha ocurrido que solo he entendido un cuento mío al acabar de escribirlo, porque de lo que yo había pensado originalmente a lo que se ha acabando plasmando con todo ese material inconsciente reflejado en las palabras, había una diferencia abismal. Y el mensaje era un mensaje que me servía hasta a mí, que lo había ideado en un principio.

Una máquina puede describir con absoluta perfección el olor de un campo lleno de amapolas. Pero cuando escriba sobre ello, no estará presente en su subconsciente (ni en el subtexto) la veneración que alguien como yo puede sentir por esta flor. Ni vendrán a su memoria aquellos niños que me cubrieron de amapolas un día. La máquina describirá bellamente el paisaje y continuará con el siguiente punto de la historia. Yo, como artesana, en ese momento podría decidir incluir la escena de los niños para que forme parte de la historia, o podría incluirme a mí misma, de niña, fascinada ante la belleza de esta flor al verla por primera vez; podría rescatar aquella fascinación tan personal y usar mis pensamientos de niña al describirlas. 
He puesto como ejemplo un campo de amapolas. Esto se debe a que el fondo de mi pantalla en el programa en el que suelo escribir es la amapola roja que ves en la imagen del artículo. No ha sido una decisión deliberada, simplemente la amapola ha estado siempre en mi subconsciente y, cuando he necesitado un ejemplo, ha entrado en el texto. Así es como funciona el proceso creativo de los humanos. ¿Podrá hacer esto una máquina alguna vez?


Si te preocupa el día en que las máquinas puedan hacerlo todo, conserva tu humanidad. Por lo que tengo comprobado, el público inteligente no quiere historias perfectas desde el punto de vista técnico, quiere emociones humanas con las que identificarse. Las masas prefieren cosas con gancho que entretengan, pero eso sí que lo harán mejor la inteligencia artificial, en breve.


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4 comentarios:

  1. Como ya imaginabas no estoy de acuerdo. Creo que es nuestra vanidad la que no nos hace darnos cuenta de que lo que hacemos es tan sustituible como las decisiones de un broker o los consejos de un médico. Tarde o temprano todo podrá ser hecho por máquinas. Y la imperfección, bueno, será como un tejido hecho a mano. Tendrá un mercado de retroesnobs, pero será mínimo.
    Y ¿qué haremos entonces? No lo sé. Pero oye, ¿qué mejor manera de estimular la creatividad que estar entre la espada y la pared y saber que tenemos, (no queremos sino tenemos) que inventarnos algo?

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    1. Pues en el fondo estamos diciendo lo mismo los dos: los productos comerciales los harán las máquinas y los artísticos (equivalente a artesanal) las personas. Y no creo que esto último sea sólo para retroesnobs, hay mucha gente que aprecia el arte. Hay quién solo lee best sellers y hay quien lee también a los clásicos o poesía, etc. Hay quien se siente muy feliz escuchando solo reggaeton y hay quien disfruta de la ópera. Pues las máquinas se encargarán de los best sellers y el reggaeton, mientras que los humanos de la poesía, la ópera y de nuevos géneros y de inventar nuevos géneros y estilos.
      Yo no dudo de que las personas que tengan una actitud creativa, van a encontrar algo que hacer, mientras que las que no, segurián cruzadas de brazos como ya hacen actualmente.

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  2. Interesante tema, Anca.
    Coincido contigo. Y añado: La maquina es una herramienta que nace del hombre y del hombre es la responsabilidad de darle buen uso y sentido. La aspiracion de crear una inteligencia artificial en el fondo es para delegar una carga. Toda vez que el hombre elige desprenderse de actividades significativas se esta deshumanizando. El precio de la comodidad es la atrofia.
    La maquina tiene mucho sentido como ayuda, guia y apoyo, pero solo en su justa medida y plano.
    Crear a traves de la maquina es lo que tiene sentido. Que la maquina lo haga todo es absurdo, un paso mas en la alienacion anulizadora. El camino perfecto para los idiotas que se pasan el dia viendo la tele.
    Porque la clave es esa, ser el protagonista de la propia existencia o ser mero espectador pasivo.
    La vida no esta diseñada para vivirla desde fuera de la vida. A menos que el ideal al que se aspire sea convertirse en vegetal comatoso asistido ad infinitum por las maquinas.
    Con la inteligencia artificial se busca crear conciencia, vida, cosa que demuestra la poquisima comprension que se tiene todavia de la existencia.
    De la inmadurez del hombre viene esta pretension erronea de querer jugar a ser dios. Queriendo empezar por el final se descuida el principio y asi esta el mundo, que es un insulto.

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    1. Muy interesante tu añadido, que se refleja perfectamente en esa idea de ser el protagonista de la propia existencia en vez de un espectador. Sólo por eso, vale la pena no permitir que las máquinas lo hagan todo, menos todavía que se apoderen de la cultura, que es lo que nos define a cada grupo de humanos.
      "La vida no está diseñada para ser vivida desde fuera de la vida". Me quedo con esta frase.

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