Despejar la mente

Después de unas cuantas semanas de silencio, parece que se va acercando el momento de volver a la actividad habitual. Esto no sucederá mañana mismo, pero sabiendo que está cerca el momento, es mejor empezar a hacer los preparativos que predisponen la mente para la nueva etapa. Anteriormente ya hablé de crear el espacio físico y temporal. Esta vez hablaré de otra de mis costumbres más eficaces a la hora de preparar la mente.


Una de las habilidades más importantes para los creadores es la capacidad de desprenderse. Los humanos somos muy dados al apego, ya sea a personas, objetos o ideas, lo que ocurre es que el apego tiene la función de mantenernos atados a lo viejo, algo que entra en conflicto con los requerimientos de la creatividad y la innovación. Es por esto que dedicar una temporada consciente a desprenderse de toda clase de hábitos, objetos o ideas es saludable para mantener vivo el desapego. 

En esta época del año suelo dedicarme a renovar el espacio de trabajo y tirar viejos papeles. Yo misma me hago cruces con mi capacidad de acumular papeles. Solo que este año me he encontrado con que no he seguido acumulándolos (en parte por mi empeño en digitalizarlo todo, batalla de la que hablaré en otro artículo). Así que, a falta de papeles, he decidido ir un paso más allá con un reto que me resulta estimulante: durante quince días debo sacar de casa una bolsa de objetos que ya no uso. Es un reto complicado, porque llevo solo cuatro días y ya se me están acabando las ideas (dado mi estilo de vida simple). Ayer me desprendí de todas las tazas de té, excepto la de trabajo y otras dos favoritas más. También me desprendí de la mitad de la cubertería, dejando solo tres cubiertos de cada. Y solo conservo las cacerolas y objetos de cocina que uso al menos una vez a la semana. 

En solo cuatro días la energía de la casa ha cambiado por completo. Estos objetos que he evacuado no estaban a la vista, pero de alguna manera se notaba su presencia que ahora ha desaparecido para dejar la casa con una ligereza muy agradable. 
Hoy me desprendo de una bolsa de libros y mañana voy a tirar todas las cartas recibidas en mi juventud, sin leerlas por última vez (ni sé qué contienen estas cartas, sólo sé en qué cajón están). Y ya no tengo más ideas, pero habrá que ir renunciando a objetos cada día, por mucho apego que haya. 

Tal vez alguien piense que esto es una acción exagerada. Pero en realidad, una vez dado el paso, una puede observar que no ocurre nada. Por ejemplo, llevo más de veinte años sin leer estas cartas, puedo vivir sin ellas ¿por qué conservarlas? Son parte de un pasado que es tan lejano que ni me reconozco en él. Lo mismo ocurre con la cubertería: no tengo intención de invitar a comer a más de dos personas al mismo tiempo. ¿Por qué tener más cubiertos, o tazas, o platos? 
Es cierto que yo me siento cada vez más abrumada por la posesión de toda clase de objetos (es increíble la creatividad humana en cuanto a crear necesidades), de hecho en este momento me horroriza hasta la idea de recibir algún regalo. No quiero más cosas, no quiero que los objetos, bajo la excusa de valor sentimental o recuerdo, se amontonen en armarios y cajones, privándome de  mi espacio. 

Prueba a hacer una limpieza de este tipo: saca todos los días una bolsa de objetos que no utilizas normalmente. Puedes fijar un período más corto, por ejemplo una semana, en vez de quince días. Saca una bolsa de cada estancia de tu casa y luego observa cómo te sientes en esa estancia. Sin duda notarás la diferencia y tu espacio será más agradable y, por lo tanto, más creativo.
Si temes tirar algo que vayas a necesitar más adelante, te diré que a mí me pasó. En uno de estos arranques de desprendimiento, hace un par de años tiré objetos indiscriminadamente. Entré en el trastero y lo tiré todo: si no sabía lo que había en una caja o bolsa, lo tiraba sin abrirlo para comprobar su contenido. Y no sabía lo que había en la mayoría de ellas. Tiempo después "necesité" alguna de estas cosas, fui a buscarla y descubrí que estaba entre las cajas y bolsas que había tirado. Y ¿sabes qué pasó? Nada. Me las arreglé sin esa cosa que creía necesitar y jamás reemplacé nada de lo que había tirado.


Despeja tu espacio vital para renovar y aligerar tu mente. Si te animas, puedes hacer lo mismo con tus relaciones y con tus ideas más arraigadas. Estas dos últimas son más complejas y dolorosas, pero si empiezas tirando objetos, estarás más cerca de liberarte de otro tipo de apegos.

Comentarios

  1. Buen texto, Anca,
    precisamente ayer descubri un documental
    sobre gente que elige vivir con lo basico:
    https://www.youtube.com/watch?v=lDcVrVA4bSQ
    me parece una filosofia bastante adecuada,

    aunque creo que hay que tener un equilibrio,
    creo que el apego es igual de importante que el desapego,
    que se puede ser igual de creativo,
    la clave es decidir bien que merece acompañarnos y que no,

    tambien quiero remarcar que el apego permite el afecto,
    cualidad humana importante,
    el materialismo tiende a la posesividad,
    pero el apego tiene mas que ver con el amor,

    mas humanidad y menos consumismidad,
    saludos.

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    1. Iré a ver ese documental. La verdad es que esto se ha puesto de moda últimamente, pero yo siempre he vivido así porque es lo que necesito para sentirme bien. He llegado a la conclusión de que es uno de mis rasgos más auténticamente míos, porque ni me han educado así, ni la sociedad promueve este estilo de vida (al contrario, se penaliza con miradas de ceja levantada y comentarios inapropiados).

      Respecto al apego y al afecto, pienso que no van necesariamente unidos. Al menos eso creo y me esfuerzo en cultivar mis afectos sin apego y ser capaz de irme o dejar ir cuando así sea lo mejor. Un buen entrenamiento en este sentido han sido mis años con los niños, con los que trabajaba durante años, les veía crecer, te aseguro que les amaba y me importaban, pero no había dramas cuando llegaba el momento de las despedidas (la mayoría de las veces desaparecían sin despedirse). Creo que, más allá de la infancia, el apego, incluso en los afectos, nos entorpece.

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    2. No hay que confundir posesividad con apego. Si hay algo que falta en este mundo es apego. Cada vez mas distantes y alienados. Apego es sinonimo de amor. Totalmente natural y espontaneo en la infancia y que no debe perderse de adultos.
      El problema viene cuando la conciencia es materialista y no sabe fraternizar ni acompañar sino que cosifica al otro. Sin apego es la asepsia. Y que hay del apego a la verdad? Como va el ser humano a avanzar sin ser fiel a sus aspiraciones y valores?
      El apego no es malo en si. Lo malo es si se utiliza de manera egoista o malvada y entonces ya no es apego sino sometimiento. Nuestra cultura nos lleva a esta atomizacion insolidaria y competitiva y asi todo lazo, vinculo o correspondencia es repudiado. Y a los despiadados no les queda mas que la version degradada y brutalizada de algo parecido al amor que ni se le parece. El tema da para mucho. Saludos.

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    3. Sí, es un tema complejo. Y creo que cada uno lo cuenta como lo ha vivido. A mí el desapego me ha traído más beneficios que el apego. De hecho el apego no me ha traído ninguno. Incluso los sabios zen recomiendan el desapego.
      Creo que apego y posesión no son lo mismo, a veces hasta tenemos apego a emociones o situaciones que no deseamos. El apego es un sentimiento ligado a la comodidad dentro de lo conocido y no tiene nada que ver con el amor ni necesariamente con la posesión.
      Como siempre, gracias por dejar aquí tus comentarios enriquecedores.

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    4. Hola de nuevo, solo un ultimo aporte:
      Esta claro que la palabra apego tiene una carga no facil de trascender, tal vez.
      La cosa se ve mas clara si pasamos al ingles y hablamos de bonding.
      Aqui hay abundante material para ver lo relevante de esto: http://www.bonding.es/jbonding/
      Aqui un articulo: http://www.huffingtonpost.com/marnia-robinson/relationship-advice-de-st_b_558978.html
      Y aqui un libro que te recomiendo si deseas profundizar en el tema: http://entra-por-los-ojos.blogspot.com/2013/08/cupids-poisoned-arrow.html
      Saludos.

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  2. ¡Sí, sí, sí! Practico el desprendimiento material para que la mente se limpie cada verano.

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    1. Sí, material y del tipo que haga falta. Para que lo nuevo pueda entrar, hay que hacer sitio ;)

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  3. He leído hace poco el libro de Kon Mari "La magia de limpiar". Me ha inspirado mucho. Estoy empezando a reducir el número de cosas que tengo. Pero no he hecho aún suficientes avances. Espero hacer más. Un saludo Anca.

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    1. Ten cuidado, Ivan, se empieza así y se acaba siendo minimalista.
      Tu amigo y mi tovarich Homo Mínimus tiene un verbo que es muy útil para empezar a desprenderse: nuncanizar. Yo acabo de nuncanizar una pila de libretas, justo a tiempo porque las ideas ya escaseaban. Voy a sacrificarlas ahora mismo ;)

      Que disfrutes del despeje, Ivan. Es un gran regalo que te haces.

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