La nueva brecha digital



Tiempo atrás se hablaba mucho de la brecha digital, de las desigualdades que producirían tener o no tener acceso a la tecnología y, con ésta, a la información. Hoy el acceso a un smartphone con todo su potencial e información es algo que está al alcance de gran parte de la población mundial y, desde luego, de toda la población de los países desarrollados. Pese a todo, estoy observando que se produce una nueva brecha digital, esta vez marcada por el uso que cada persona da a las herramientas que tenemos entre manos. Este uso es un aspecto que considero determinante y debería ser decidido conscientemente, aunque parece que hoy por hoy no es el caso. 


Hay muchas (demasiadas) personas que utilizan su pequeño ordenador de bolsillo para ocio y comunicación constante, incluso aunque no haya nada que comunicar. Lo mismo ocurre con su ordenador portátil o de sobremesa: comunicación, distracción y ocio. En cuanto terminan su jornada laboral, la premisa es distraerse a toda costa como premio por haber cumplido con la condena correspondiente a ese día.
Otras personas, en cambio, utilizan estas mismas herramientas para llegar un paso más lejos, para convertirse en alguien más capaz, para delegar en la máquina las tareas insignificantes y así dedicarse a usar su cerebro en tareas más complejas y creativas.

Dos ejemplos reales de esto, que veo en mi entorno:
  • una persona que no dispone de ordenador, por falta de recursos económicos y aprovecha su smartphone para idear, diseñar y promocionar una patente muy interesante
  • una persona sobrada de recursos que busca siempre el ordenador más potente, para así poder jugar a los videojuegos más exigentes


Dentro de unos años ¿cuál de estas dos personas tiene más posibilidades de haber progresado? ¿Cuál habrá superado sus propios límites? 
Dentro de unos años no habrá trabajo para las personas que se estancan a base de entretenimiento y ocio. ¿Qué puede aportar una persona que no crece constantemente? Esta es la nueva brecha digital que se está instaurando silenciosamente. Dentro de unos años (o incluso ahora) el único rasgo que tendrá valor será el de la inteligencia que sabe cómo usar las máquinas para crear: las máquinas ya son muy asequibles en estos días, mientras que las personas corrientes abundan y son cada vez más baratas y sustituibles.

La tecnología no nos hace más tontos ni más inteligentes, lo que hace es multiplicar lo que ya somos, o los efectos de nuestro comportamiento. Un tonto con tecnología será más tonto todavía, porque acabará creyendo todas las tonterías que tiene a su disposición en internet. Quien se distrae con facilidad estará todavía más distraído por las innumerables posibilidades: redes sociales, juegos, chats, cadenas de mensajes, avisos insignificantes, etc. Quien se cultiva, será todavía más cultivado porque tiene todo el conocimiento que necesita en su bolsillo. Quien produce algo, será todavía más productivo porque las máquinas le permiten hacer por sí mismo tareas que antes solo podían hacer otras personas profesionales de otros campos.
Hoy en día todavía basta con dar un pequeño paso para saltar de un lado al otro de la brecha, pero dentro de muy pocos años el esfuerzo será mucho mayor o puede que insuperable: mientras tú te distraías, otros estaban aprovechando sus posibilidades de crecer y progresar. 

Pregúntate en qué lado de la brecha estás y cómo usas la tecnología de la que dispones. ¿Vives (lo que implica crecimiento) o sobrevives? Pregúntate hacia dónde te llevan tus pasos, multiplica el día de ayer por mil días iguales y podrás calcular dónde estarás dentro de tres años. Si la respuesta no te gusta, si no hay avance previsible a tres años vista, o no lo ha habido en los últimos tres, entonces resetea: da un nuevo uso a las tecnología, pregúntate en qué pueden ayudarte las máquinas de las que dispones y empieza hoy mismo a aprovechar sus posibilidades. 


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