La inspiración


¿Has probado alguna vez una fresa salvaje? Si no lo recuerdas, es que no la has probado nunca. Yo tenía una pequeña planta de fresa salvaje en mi casita del bosque, que me daba un solo fruto al año, así que durante los dos años que estuve ahí comí dos de esas fresas. Son frutas pequeñas, un poco más grandes que un arándano, pero cuyo sabor es tan intenso que ni con un el extracto de un kilo de fresa cultivada podría sustituirse. No necesitan nata ni azúcar para resultar sabrosas, de hecho una siente horror ante la idea de alterar su sabor con cualquier añadido, porque son perfectas tal como son, salvajes e intensas... no hay nada que mejorar ni pulir. Así, como una fresa salvaje, es la inspiración. 

La inspiración aparece de manera espontánea, donde y cuando ella quiere. Puede venir una sola vez al año, a los genios les llega con frecuencia y ese es el ingrediente que les convierte en genios, no su inteligencia.
Escribí una de mis mejores obras de teatro de un tirón. Me levanté una mañana, tomé el cuaderno (por aquellos tiempos todavía no teníamos ordenadores en los hogares) y la escribí. Al mediodía me comí un trozo de pan y seguí escribiendo. La noche anterior yo no tenía ni la menor idea de que al día siguiente escribiría una obra de teatro, no había ningún argumento dramático previo en mi cabeza que me hiciera sospechar tal cosa. 
Mientras escribí esta obra no tuve que pensar ni decidir nada, simplemente trasladé al papel las palabras tal como iban llegando a mi mente, una frase tras otra, en orden perfecto. Al día siguiente ya había pasado a máquina la obra (sin necesitar ninguna modificación) y nunca más la tuve que corregir. Esta obra es uno de esos trabajos que me siguen pareciendo válidos y valiosos a pesar de haber transcurrido veinte años desde que la escribí y de haber aprendido infinidad de cuestiones desde entonces. Si llevas bastante tiempo creando, sabrás lo difícil que es que una obra sobreviva al paso del tiempo a juicio incluso de su propio creador.

Este es gran valor que aporta la inspiración: tu obra nace sola, sin esfuerzo alguno por tu parte (exceptuando el hambre que pasas mientras te tiene atrapada como esclava escribiente... o dibujante, o lo que sea). No necesitas hacer uso de la técnica cuando trabajas a las órdenes de la inspiración, ni siquiera tienes que saber el final de tu obra, solo tienes que confiar y transcribir lo que la inspiración te va dictando. Creo que, si la inspiración fuera una persona, sería de los típicos jefes que te dicen "a ti no se te paga por pensar". Pero obedeces de todos modos, por rebelde que seas (los creativos son rebeldes por naturaleza), porque SABES que el resultado va a ser inmejorable.
La parte que menos me gusta de la inspiración (y de las fresas salvajes) es que no se la puede domesticar. No puedes ponerla a tus órdenes, sino que tú te pones a las suyas, para siempre, sin condiciones, aunque te saque de la cama en mitad noche porque es cuando le han entrado ganas de trabajar. Puede venir una vez al año, o un mes al año, o una vez al mes... nunca se sabe, cada creador es un mundo. Pero si tienes una profesión creativa, no puedes confiar exclusivamente en la inspiración, porque a ella no le importa absolutamente nada que te despidan o que necesites con urgencia ganar algo de dinero, ella seguirá viniendo cuando le plazca. Y ahí es cuando tenemos que tirar de las técnicas para generar ideas.

Las técnicas para generar ideas son como las fresas cultivadas: ofrecen resultados funcionales y vistosos, durante todo el año si se desea, pero necesitan de una elaboración y añadidos (como la nata montada) para resultar sabrosos. Estas técnicas intentan reproducir en tu cerebro lo que ocurre cuando se produce la inspiración.

¿Sabes cómo ocurre la inspiración? Lo voy a resumir. Nuestro cerebro maneja una cantidad de pensamientos descomunal en todo momento, pero solo somos conscientes de una ínfima parte de ellos, mientras que los demás permanecen en el subconsciente, para ser usados o descartados, según su interés del momento. En nuestro pensamiento consciente se encuentra, entre otras cosas, el problema para el que queremos encontrar una solución. En el subconsciente tenemos toda la información que nos proporcionan nuestros sentidos sobre lo que nos rodea, recuerdos e información relacionados con cada elemento del entorno, información relacionada con estos recuerdos, información de la memoria a corto plazo...y así hasta abarcar una cantidad de datos imposible de procesar. Justo por este motivo quedan en el subconsciente, para no sobrecargarnos y bloquear nuestro pensamiento consciente. 

La inspiración se produce cuando uno (o varios) de estos pensamientos del subconsciente encuentran el modo de conectar con el problema que nos ocupa en el pensamiento consciente. Se establece entonces un puente entre ambas zonas cerebrales (o ambos tipos de pensamiento) que proporciona el conocido "fluir". 

Un ejemplo que suelo contar sobre este aspecto es el modo en el que Biro Laszlo inventó el bolígrafo. Él quería inventar un artilugio para escribir que no explotara en los aviones con el cambio de presión (las plumas estilográficas sí lo hacían) así que inventó una pasta más densa a base de aceite. Solo que, a la hora de escribir, las plumas estilográficas se obstruían con esta pasta, por lo que había que inventar otro modo de sacar la tinta del cartucho. Fracasó varias veces y se encontraba bloqueado en este punto. Un día salió a dar un paseo para despejarse y vio a unos niños jugando con una pelota. La pelota atravesó un charco y, al salir por el otro lado, dejó un rastro de agua detrás. Así fue como se le ocurrió a Biro Laszlo la idea de colocar una esfera que al rodar se empapara de tinta continuamente, dejando un rastro detrás a su paso por el papel. 

En este ejemplo se ve claramente como Biro Laszlo tenía un problema que resolver (en el pensamiento consciente) y sus percepciones (inconscientes) conectaron con la idea en la que estaba trabajando, proporcionándole la inspiración. Hoy en día los bolígrafos (y otros artilugios) siguen usando el mismo sistema inventado por Biro Laszlo porque su inspiración le proporcionó una solución perfecta, inmejorable.

Lo que ocurre es que la serendipia tiene aquí un papel crucial. Biro Laszlo podía haber encontrado a unos niños jugando a cualquier otro juego, sin pelota, o podría haberse dado el caso de que no hubiera ningún charco en el camino de la pelota, o que los niños tiraran la pelota en una dirección diferente... son tantas variables las que podrían haber impedido la inspiración del inventor, que no podemos hacer otra cosa que admitir que la inspiración es algo demasiado fortuito como para poder confiar en ella el 100% de nuestro trabajo. 

Así que volvemos a las técnicas para generar ideas, las fresas cultivadas a las que podemos acudir en cualquier momento del año. Lo que hacen las técnicas para generar ideas es provocar la conexión entre los pensamientos del subconsciente con el problema que nos ocupa, sea éste un invento, una obra artística, o cualquier asunto que se quiera resolver creativamente. Cada una de ellas actúa de una manera determinada, unas buscan conexiones, otras traen al consciente algunos de los pensamientos subconscientes y otras exploran caminos alternativos para la misma tarea. 
Es a esto a lo que yo me dedico, yo enseño a cultivar fresas, para mantenerse activos y creativos incluso cuando la caprichosa inspiración se encuentre de vacaciones.

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Comentarios

  1. Buen articulo, Anca,
    justo en estos dias estoy redescubriendo a Becquer y su Rima III pone en bellas palabras ese asunto, de como el genio debe aprender a combinar inspiracion y razon.
    Un saludo.

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  2. Hola, Anca:

    Con un poco de retraso, pero por fin he podido leer tu artículo. El principio con las fresas salvajes me ha recordado a la película del mismo nombre, de Ingmar Bergman, aprovecho para recomendártela, es una joya.

    Pero vamos a lo que importa, el contenido del artículo: creo que es muy didáctico el uso de la imagen de las fresas salvajes vs fresas cultivadas. La idea se entiende perfectamente de este modo. Yo reconozco que nunca he vivido algo como lo que te sucedió cuando escribiste la obra de teatro. En ese sentido, mi experiencia personal se queda bastante en el campo del trabajo y trabajo hasta que sale algo bueno.

    Hay un punto en el que me gustaría añadir mi opinión personal o, más que una opinión, una intuición al respecto. Cuando dices: "la inspiración no se puede domesticar", estás en lo cierto, pero sí creo que, de igual manera que se pueden crear y favorecer las condiciones de posibilidad donde las fresas salvajes crezcan, de igual modo podemos trabajar que crear un hábitat donde la inspiración sea más propicia. Alimentar nuestra mente de ideas diferentes, aportar una mirada abierta, habituarnos a hacer conexiones inesperadas...

    En este sentido, no podemos "domesticar" la inspiración, pero sí podemos controlar todo lo demás para que sea más plausible que veamos "nuestra pelota atravesando un charco". Creo que a esto se refiere Bécquer cuando dice que el genio debe aprender a combinar inspiración y razón.

    Si no creamos las condiciones de posibilidad necesarias para la inspiración, entonces ésta nunca se dará.

    Un saludo,
    Pablo

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    1. Muy buen apunte, Pablo. Las fresas salvajes necesitan un clima, unos nutrientes y unas condiciones determinadas para poder crecer y lo mismo ocurre con la inspiración. Un ambiente tóxico o pobre en estímulos intectuales van a impedir que la inspiración se manifieste.
      Este también es un buen tema para escribir un artículo.
      Un saludo!

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