Sacar la basura

Esta Nochebuena he tenido que poner mi teléfono móvil en “modo avión” ante la avalancha de felicitaciones, gifs, vídeos con música tintineante (desesperadamente infantil) y otros obsequios (bienintencionados) del mismo estilo. Es difícil mantenerse al margen del festejo navideño, hasta tal punto se ha hecho obligatorio en nuestra cultura. No celebrar la Navidad es uno de los actos más valientes y transgresores que alguien puede realizar: ni se respeta esta opción (aunque digas que no lo celebras, los gifs tintineantes te van a llegar igual), ni se aprueba, ni se comprende. Eres, como mínimo, el Grinch. 

Yo decidí dejar de celebrar la Navidad el día en que me detuve a pensar qué estoy celebrando exactamente. Una pregunta simple y demoledora. Los cristianos celebran el nacimiento de Cristo. Los demás... no lo sé, no encontré una respuesta que justificara para mí seguir con esta tradición. Y, bueno, tampoco me gusta que sean otros quienes decidan cuándo tengo que ser feliz y celebrar o cuándo cenar con la familia. 
Desde entonces observo los festejos con mayor objetividad cada año que pasa. Y veo como una inmensa mayoría de los que se entregan a las fiestas en cuerpo y alma, se quejan al mismo tiempo de lo estresantes que son, de los cuñados y las cenas, del gasto que suponen... para respirar aliviados al acabar la fiestas, afirmando que han sido “muy bonitas, con la familia”. 


Para mí esto es llenarse la cabeza de basura. Todo ese estrés, compras, comilonas, alcohol, lucecitas y tintineos no hace otra cosa que sobrecargar los sentidos. El cerebro humano tiene una capacidad de atención limitada, así que esta avalancha de sensaciones y estímulos lo colapsan, no solamente durante las fiestas, sino durante un buen período de las semanas posteriores. Mientras tu cerebro esté saturado de tintineos no tendrá la capacidad de centrarse en lo que importa, en lo que A TI te importa.

La Navidad es solo un ejemplo. Hay muchas tradiciones que nos alejan continuamente de lo importante (esa es justamente su función). Saca la basura de tu cabeza, decide conscientemente qué festejos vas a celebrar, elige aquellos que tengan un sentido para ti, sean o no sean tradición. Y de aquellos que celebres, vigila los excesos, decide qué parte se ajusta a ti y qué parte te aporta más estrés que alegría. Esta última, a la basura y fuera. ¿Te atreves a transgredir?


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