La trampa del estilo propio

Muchos de los visitantes ocasionales de este blog llegan aquí buscando respuestas sobre cómo encontrar el propio estilo. Parece que encontrar ese estilo propio es algo absolutamente necesario, un paso previo a lo que después será la carrera artística: trabajar con ese estilo propio por el resto de sus días.

Hace poco encontré esta valiosa reflexión de Milton Glaser sobre este tema. Aunque el vídeo trata sobre el error, lo que me parece más interesante aquí es lo que el diseñador comenta sobre el estilo propio (los primeros 4 minutos).


La conclusión es que el estilo propio es una trampa. Como dice el propio Milton Glaser, el ser reconocido por una característica acotada y concreta (que te ha llevado al éxito), te hiere, impide tu desarrollo. Las etiquetas que asumimos al adoptar un estilo o al especializarnos nos limitan, porque nos vemos obligados a seguir en esta linea que se ha definido como nuestro “estilo” y que es lo que los demás van a esperar de nosotros de aquí en adelante. 

Son varios los grandes artistas, con un estilo propio muy claro y reconocible que, a partir de cierto momento, han empezado a aburrirme. Su lenguaje, repetido una y otra vez, se ha vuelto predecible y ya no presto la misma atención a sus trabajos, porque ya no me sorprenden. Y no es que carezcan de talento o de creatividad, es que se han aferrado a su estilo propio, ese que les da reconocimiento, sin avanzar más que con minúsculos pasitos, en apenas unos detalles. Algo parecido a lo que comentaba en la entrada “No seas creativo”, pero autoimpuesto.

Por otro lado, apostar por el desarrollo personal (y profesional) tiene como efecto el sembrar confusión en los demás. Nadie dedica suficiente tiempo a nadie como para entenderle, ni a nivel personal, ni a nivel profesional. Por eso necesitamos etiquetar a los demás en categorías y por eso premiamos con el éxito profesional a aquellos que se quedan bajo una etiqueta inamovible. En cambio, aquellos que cambian de estilo (o incluso de profesión) nos obligan a reevaluarles constantemente, encontrar una etiqueta adecuada cada vez, comprobar si las viejas etiquetas todavía sirven... Es demasiado trabajo. Así que preferimos ignorarles, consciente o inconscientemente.

En el arte, igual que en otros aspectos de la vida, debemos decidir si hacemos lo que se espera que hagamos de aquí en adelante, una vez hayamos encontrado un estilo propio con el que se nos pueda etiquetar. Y uno tiene que elegir, cuando se plantea qué camino seguir (es decir, constantemente) entre el éxito profesional o el desarrollo personal. No es una decisión fácil y solo puede tomarse desde los valores personales de cada uno, porque sea cual sea la decisión se estará renunciando a algo importante.

En mi caso, no es una elección: aprender algo nuevo es uno de los ingredientes imprescindibles de mi felicidad, actuar de otra manera me llevaría de cabeza a la depresión... será porque soy más sensible a las heridas a las que se refiere Milton Glaser. Pero si tuviera opción de elegir, creo que elegiría lo mismo (asumiendo el coste de no ser etiquetable), porque a fin de cuentas ¿a qué hemos venido aquí? Yo creo que venimos a explorar todo lo que podamos, a maravillarnos, a sorprender y a sorprendernos a nosotros mismos. Desde mi ombligo, es un desperdicio transitar la vida con la mirada puesta en un único paisaje, por seguro que éste parezca. El virtuosismo despierta admiración y también alimenta el ego, pero aniquila la curiosidad y la mentalidad de aprendiz, esa mentalidad de niño que no sabe.

¿Qué eliges tú?

Comentarios

  1. Buena reflexion, Anca.
    Creo que el estilo es un concepto poco preciso.
    Que la forma de un creador sea reconocible es secundario, lo que importa es el contenido de las creaciones.
    Quienes entienden el arte como impostura, es normal que se fijen solo en la apariencia.
    Chaplin siempre fue Chaplin. El merito esta en crear desde la sinceridad, exponer tu verdad: Crear como medio de buscar la verdad, de autoconocimiento.
    Por supuesto, la industria siempre ambiciona explotar los filones, pero la codicia arruina lo significativo.
    Disney es un buen ejemplo. Empezo siendo el sueño de una persona, y ahora es un monstruo pudre-franquicias.
    Por otra parte, un creador puede pasar toda su vida haciendo lo mismo y no por ello ser falso o estar atrapado. La clave esta en el significado que para el tiene esa actividad. Si es un acto puro y sin pretensiones, resulta inocente. Como un abuelo que regala pajaritas de papel a cualquiera.
    Ese abuelo puede seguir creciendo y aprendiendo en todas las areas de su vida, y dejar el arte como algo accesorio.

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  2. Otro ejemplo, quizas mas claro:
    Un cocinero que solo atiende a lo estetico, se decanta por la alta cocina (que es la mayor estupidez sobre la faz de la Tierra).
    Un cocinero que busca expresar amor, puede cocinar sencillo, sin necesidad de cambiar casi nada, porque la maestria de su arte reside en el amor con que realiza cada gesto.
    Esa es la diferencia entre lo superficial y lo esencial.
    El estilo diria que es un juicio externo. La opinion del projimo merece cierta consideracion, pero hay cosas mas importantes a la hora de crear, me parece a mi.

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  3. Así es. Solo que en lo profesional no se vive del amor con el que haces tu trabajo y cada quien tendrá que hacer una difícil elección. Para los amateurs es fácil decidir, lo complicado viene al querer vivir de tu trabajo.

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